UN OCÉANO EN MARTE

Por Jorge Iván Domínguez
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Fue en el año 2012, cuando el robot articulado “Rover Curiosity”, creado por la NASA, comenzó a transmitir en directo desde el planeta rojo. A lo largo de esta última década, las imágenes han sido sorprendentes y han ido desde un coral petrificado, una pirámide, una mega estructura lo más parecida a un portal, objetos con superficies geométricamente definidas, hasta la reciente y a estas alturas tardía confirmación, de que efectivamente existió un océano (agua) en el planeta al que nosotros hemos llamado Marte.

Un paréntesis, porque no deja de parecerme curioso que para los romanos “Marte” era el dios de la guerra, y me causa esa curiosidad, porque si usted le echa un vistazo a las fotografías y videos captados por el “Curiosity”, (aquí en la nota le dejaré algunas) podrá encontrar un escenario post-apocalíptico muy parecido a lo que George Miller nos vendió en el extraordinario filme; Mad Max. 

A estas alturas, créame que la existencia de seres extraterrestres, no es, ni lo primero que viene a mi mente, ni mucho menos lo que pudiera preocuparme. No sé si recuerde, pero en plena pandemia, el Pentágono y el gobierno de los Estados Unidos, desclasificaron 144 documentos donde se confirmaron la presencia de los ahora denominados fenómenos aéreos no identificados. Por lo que esa posibilidad, lejos de asombrarme me parece una respuesta simplista. 

Sin embargo, lo que no deja de dar vueltas en mi cabeza, y me imagino que no soy, ni he sido el único, es la posibilidad, para mí más lógica, de que los habitantes de nuestro vecino orbital somos nosotros mismos y nuestra capacidad de consumirlo todo. Y digo “somos” en tiempo presente, porque como usted ya sabrá, el tiempo no es lineal, como nos han enseñado a concebirlo, sino que todos las realidades posibles (presente, pasado y futuro) se están viviendo en el único tiempo que realmente existe y que nunca ha dejado ni dejará de existir, me refiero al momento presente, todo ha ocurrido, ocurre y ocurrirá en este diminuto pero interminable instante.

Pero no quiero desviarme de lo que considero verdaderamente importante para usted y para mí respecto a estos marcianos acontecimientos. Estoy seguro que ha visto nuestras ciudades desde un punto de vista más amplio, desde una perspectiva cósmica, ya sea en fotografías o usando la aplicación Google Earth, me refiero a esas manchas grises que parecen células muertas entre el fulguroso verde y el radiante azul tan característicos de nuestro planeta. No me dejará mentir que nuestros asentamientos, y sobre todo nuestras metrópolis, parecen un cáncer enraizado en la superficie, y si a esto pudiéramos agregar el factor tiempo, veríamos como ese gris moribundo ha ido expandiéndose lentamente a lo largo de los años, cómo una metástasis que consume todo lo que se interpone en su paso.

Así es como se perciben las imágenes enviadas desde Marte por el Curiosity, como un planeta acabado completamente por el cáncer de una civilización que mediante el consumo excesivo y la guerra, encontró una estúpida manera de justificar su existencia y paradójicamente también de terminar con ella.

En este vértice de espacio-tiempo que estamos compartiendo usted y yo, parece que nos acercamos más y más a esos apocalípticos escenarios, cada guerra, cada hectárea de bosque quemada, cada acre de selva arrancada, cada metro cúbico de agua desperdiciada, cada bolsa de basura generada, constituyen los pasos microscópicos de esta metástasis en la que nos hemos convertido, por su puesto, derivado de nuestra inconsciencia y también del sistema consumista en el que nacimos. 

Espere, no es mi intención ser fatalista, ni tampoco que se vaya de estos párrafos con una triste percepción de nuestra especie y de usted mismo. En lo personal tengo esperanza en la raza humana, al final usted y yo sabemos que a partir de los venenos se generan los antídotos, y tampoco es que crea que somos originalmente un veneno, sólo es una analogía para intentar convencerle de que el cambio es posible, pero también para asegurarle que ese cambio no vendrá del gobierno, de los políticos, de los grandes líderes empresariales y mucho menos del sector financiero.

Sin embargo, este cambio del que le cuento tiene un gran enemigo. Y no es el capitalismo, el grupo Bilderberg o el sistema rapaz en el que vivimos, el verdadero enemigo del cambio es la resignación, y lo más oscuro de la resignación es que nos orilla a caer en el papel de “víctimas”, lo que nos despoja de nuestra responsabilidad y por consecuencia, del poder que tenemos para transformar nuestra realidad.

Ya para terminar, porque no es mi intención abusar de su valioso tiempo, solo quiero decirle que lo único verdaderamente trascendente y duradero que podemos regalarle al mundo, es nuestra propia transformación personal, que surja a partir de una amplitud de consciencia, la cual nos permita entender que somos parte de un todo, como una célula de nuestro cuerpo, que es una célula, pero también es nuestro cuerpo. Sólo a partir de esa decisión personalísima, podrá surgir una potente acción social verdadera e invencible, que nos haga ser la cura para esta casa común que nos fue heredada por nuestros padres y nos está siendo prestada por nuestros hijos. 

Dicen los hidrógrafos (estas personas que se dedican al estudio de los cuerpos de agua) que hace falta un solo rubí en el vértice y en el momento exacto, para cambiar el rumbo de un Río. Haría falta solo una cosa para que este planeta cambie hacia lo inimaginable, haría falta que usted y yo asumiéramos que somos ese rubí.

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