Keywords Estética, Fenomenología, Experiencia, Libertad, Ontología.
Nos encontramos bajo la constante acción de crear y diseñar realidades, tratando de validar y defender en todo momento lo que se esta viviendo; creamos sistemas que se adapten a una realidad cada vez mas convincente para los “otros”: Es una disciplina que considero nunca se debe de dejar de ejercer, crear. Si bien no todos poseen las mismas habilidades y la formación para llevarlo a la practica, se comparte algo en común el “crear algo” diferente y es ahí donde depende de nuestro compromiso en pro de la productividad personal que cada uno se proponga, aboliendo contundentemente la apatía que envuelve al mundo en algunas ocasiones, por ello, ser un impulso y no un freno parece ser la formula que puede brindar posibles soluciones en la toma de decisiones en la vida; en terrenos, por mas escabroso que parezca, no se puede apartar la idea que vivimos en una realidad sistémica, donde tratamos de integrar en vez de separar para evitar remar a contracorriente.
El surgir de la nada, emulando al ave fénix, nos habla de un proceso resiliente en la mayoría de las ocasiones, donde por más atroz que sea el evento que se viva, tenemos la fortuna, que al llegar la noche y descansar sabemos que mañana será otro día, con una oportunidad más para comenzar de nuevo, aún cuando en algunos momentos las decisiones pueden surgir de manera espontánea bajo fenómenos que pueden parecer, poco comprensibles. Dependemos de factores internos o externos que pueden trascender a la razón consciente, necesitamos del impulso del entendimiento como una reacción instintiva, es parte integral de nuestra naturaleza que influye poderosamente en el curso de nuestras acciones, en ese momento el impulso se puede entender como la deliberación racional e irracional, el paso de lo consciente e inconsciente. Es la expresión de la naturaleza misma.
Para tratar de dar un mejor contexto a la realidad que se vive, podemos aludir a la siguiente metáfora; donde diseñamos arquetipos de la nada, tratado de crear conciencia sobre todo aquello que colocamos en el justo medio entre la razón y el impulso. Aristóteles (Ética a Nicómaco) sostiene que las virtudes se encuentran en un punto intermedio entre los extremos, lo que él llama el «justo medio», donde la toma de decisiones debe estar gobernada por la deliberación racional, pero sin suprimir completamente la emoción. No hay que perder de vista, que el impulso puede ser considerado como un tipo de emoción primitiva, cuando no se controla, puede llevar a decisiones impulsivas y destructivas. Sin embargo, cuando se canaliza adecuadamente, el impulso puede convertirse en un aliado de la razón.
Desde otra perspectiva, Friedrich Nietzsche (Así habló Zaratustra) ofrece una visión diferente sobre lo que se puede enteder por el impulso, al considerarlo como una fuerza vital que fomenta el movimientoa los individuos a superar sus limitaciones y alcanzar un estado de poder y creatividad superiores. No hay que olvidar, cuando Nietzsche habla del concepto de voluntad de poder, como una fuerza primaria que impulsa a las personas actuando de acuerdo con sus deseos y pasiones más profundas. Hay que tener presente, que para Nietzsche, el impulso no es algo que debe ser reprimido, sino algo que debe ser afirmado y canalizado hacia la creación de una vida más auténtica y plena. Por lo tanto, el impulso, lejos de ser un enemigo de la razón, puede ser visto como una fuerza creativa, cuando se abraza, permite a la persona convertirse en el superhombre, se describe como alguien capaz de crear su propio camino sin depender de las normas sociales preestablecidas.
Asi que, la toma de decisiones impulsivas no debe ser demonizada, sino debe entrar en la comprensión como una parte integral de la vida humana. Filósofos como Aristóteles, Nietzsche nos invitan a reconocer el impulso no solo como una fuente de caos, sino como una fuerza potencialmente liberadora y creativa. La clave está en saber cuándo someterlo a la reflexión racional y cuándo dejarse guiar por él.
En la travesía de la vida, las situaciones adversas no son un enemigo, al integrarlas, se pueden ver como un aliado cambiante. La verdadera sabiduría reside en la capacidad de adaptarse a los cambios sin perder de vista el destino final. Si el impulso, se maneja con inteligencia, puede convertirse en la fuerza, en lugar de desviar el objetivo, puede ser el camino para descubrir nuevos horizontes de autoconocimiento y creatividad. Este breve enfoque filosófico nos permite comprender que el impulso, lejos de ser un simple resorte biológico o un capricho emocional, es un elemento fundamental en la toma de decisiones humanas. Al integrar nuestras pasiones, emociones y razón, podemos navegar con mayor claridad por las aguas inciertas de la vida, asumiendo riesgos controlados.
