EL HURACÁN DEL DÍA DEL GRITO

Por Redacción
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IMPACTÓ A BAJA CALIFORNIA SUR Y SINALOA EN 1918

Raymundo Padilla Lozoya

Las eficaces labores de prevención, muchas veces poco conocidas y escondidas entres los archivos, también son valiosas para revelar el conocimiento científico y la profesionalidad de quienes dirigen las estaciones metereológicas, como fue el caso de Pablo Vázquez Schiaffino, quien desde Mazatlán registró el antes y después de este destructivo huracán.

En 1918, en Baja California Sur (BCS) y Sinaloa, se tenía pleno conocimiento de que la mayor frecuencia de impactos por huracanes en las costas occidentales ocurría en los meses de agosto y septiembre y la primera quincena de octubre, según lo demostró el informe del entonces director del Observatorio de Mazatlán, el colimense Pablo Vázquez Schiaffino. Por ello se realizaban labores institucionales para advertir en la costa norte de Mazatlán, con el fin de evitar los desastres marítimos que año con año ocurren durante estos temporales.

La identificación de la temporada de huracanes permitió que las autoridades ordenaran disposiciones especiales, como oficializar la reducción del flujo de embarcaciones en el mar de Cortés, desde junio hasta noviembre, según lo precisó Vázquez Schiaffino. En La Paz (actual capital de BCS) se suspendía la actividad comercial marítima para evitar daños a las embarcaciones en el periodo más peligroso para la navegación, comprendido entre el 15 de septiembre y 15 de octubre.

En BCS también se contaba con monitoreo y alertamiento de huracanes en el océano Pacífico, pero en 1918 hubo fallas, vinculadas con factores humanos y técnicos, que influyeron en los impactos ocurridos. Durante el periodo revolucionario, los observatorios nacionales presentaban carencias técnicas y de personal especializado, además de vandalismo, a pesar de la peligrosidad y frecuencia de los huracanes.

El 13 de septiembre de 1918, cuando Vázquez Schiaffino comenzó a notar la presencia de un posible huracán, solicitó por telégrafo a las capitanías de puerto del Pacífico alguna información disponible en sus instrumentos meteorológicos y observaciones personales, para pronosticar con mayor seguridad la cercanía y trayectoria del meteoro. Sin embargo, en palabras de él mismo, la mayoría de las capitanías carecían de varios instrumentos meteorológicos; solo contaban con un barómetro aneroide (para medir la presión atmosférica) poco fiable, pero no tenían anemómetro (utilizado para medir la velocidad del viento) y los datos por telégrafo eran alterados por errores en la transmisión y recepción. Además, Vázquez Schiaffino advirtió que podría haber deficiencias de información debido a las fiestas del Día del Grito (15 de septiembre), y por ese motivo las capitanías no laboraron.

Por lo anterior, Vázquez Schiaffino encontró dificultades para obtener datos de observaciones simultáneas y en diferentes horas por medio de telegramas. Tampoco fue posible por correo debido a que el tren quedó afectado por deslizamientos que ocurrieron en la vía férrea con rumbo a Mazatlán. Aun así, el huracán fue parcialmente advertido instrumentalmente por él.

Las valiosas Cartas del Tiempo

La Carta del Tiempo era un documento nacional elaborado con información técnica recabada en los distintos observatorios meteorológicos, a fin de crear un mapa del estado del tiempo meteorológico con información oficial. La Carta era distribuida, incluso en el extranjero, casi todos los días del año. En la Biblioteca Central de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos se encuentra la serie casi completa de Cartas elaboradas entre 1899 y 1978. Era enviada desde México por el Observatorio Meteorológico, ubicado en Tacubaya, al Weather Bureau Office en Washington, Estados Unidos.

En México, la responsabilidad institucional de la elaboración de la Carta del Tiempo pasó de una dependencia a otra. Al consultar sus ediciones, es evidente que cambian las firmas y membretes en varios periodos. En la Carta eran identificadas las altas y bajas presiones, las temperaturas, dirección de los vientos, entre otras manifestaciones naturales, como chubascos, tormentas y hasta los sismos. Sin embargo, por las deficiencias mencionadas, las Cartas de los días 13 y 14 de septiembre del año mencionado carecieron de la precisión requerida para advertir a las capitanías la presencia del huracán que avanzaba amenazante hacia el mar de Cortés.

Una Carta del Tiempo fue elaborada por el jefe del Servicio Meteorológico y Sismológico, el ingeniero Octavio Bustamante. Allí reportó una baja presión en el puerto de Mazatlán para el 16 de septiembre. Pero en esa misma Carta se advirtió de problemas de precisión en el registro de los datos. Es decir, fue publicada sin previsión y con pocos telegramas. Incluso sumaron los telegramas recibidos el 17 de septiembre, cuando se publicó; sin embargo, ese día ya habían ocurrido los estragos asociados a los efectos e impactos del huracán.

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