A veces hay cosas como situaciones que pueden parecer que no sirven de mucho, solo pensar que se acumula información sin que cobre sentido alguno, sin lograr un punto de inflexión para llegar hacer un ejercicio de reflexión previo, con el objeto de diseminar lo que puede o no ser de utilidad en algún punto de la vida, para ello el ejercicio que ofrece la filosofía es importante y cobra relevancia para emprender acciónes en disipar los convencionalismos, no solo es aprender por repetición, es tratar de entender el ¿porque lo hacemos? y ¿para qué lo hacemos?, en un momento en donde la satuarción de información parece que rompe con todo objetivo, nos invita a centrar la atención en la construcción de nuestro Ser.
En lo vasto de posibilidad que ofrecen los diversos escenarios que tiene la vida cotidiana, cada acto de re-conocimiento como de conocimiento es un ladrillo que se coloca con la precisión en la estructura de nuestro interior. La interrogante se hace presente para cuestionar ¿cuántas veces sea tomado la limitante de seguir patrones previamente establecidos sin detenernos, por un momento a reflexionar sobre lo que realmente se quiere edificar?, el ejercicio filosofíco lejos de ser solo un ejercicio abstracto, tiene el poder de transformar la manera en que eligimos vivir, creando un método propio donde el cincel actúa como una herramienta que redefine la forma del Ser, dentro de este proceso de construcción personal, romper los paradigmas que nos limitan se convierte en la llave para desbloquear el camino hacia una vida más auténtica, libre y consciente.
En este proceso de romper con las barreras de lo preestablecido y fortalecer nuestro interior, la decisión adquiere una dimensión existencial. Kierkegaard mencionaba que cada decisión es un salto hacia lo desconocido, es un «salto de fe» que nos aleja de las certezas y nos acerca a nuestra verdadera esencia. Por lo que, lleva implicito el riesgo, el cual en la vida vale la pena asumirlo para ser parte de esas experiencias que nos ofrece la vida misma. Søren Kierkegaard (La enfermedad mortal), dice que, «El hombre se enfrenta a sí mismo en la angustia de la decisión«. Porqué, decidir no es simplemente una acción práctica, sino se vuelve una afirmación que pide y proclama nuestro Ser. La decisión pasa a formar parte donde hace al espacio un lugar propicio para encontrarnos con nosotros mismos, para exponer nuestra libertad más pura, un espacio donde se tiene la capacidad de reconfigurar nuestra existencia al modo que más le acomode a cada uno.
En este encuentro, que se vuelve un acto con lo más intimo, no está exento de miedo o duda.Y es ahí donde radica la prueba, donde viene la enseñanza. Donde en ocasiones es más fácil ceder a la comodidad de lo que se conoce, (como las respuestas rápidas que la sociedad nos ofece, de las cuales estamos inundados), que explorar nuevos horizontes, pero es ahí, donde precisamente se toma un intervalo, para que la consciencia haga su acto de presencia, para poner en práctica nuestra capacidad de transformación y poder lograr esa alquimia de la que muchos hablan y pocos logran comprender. Martha Nussbaum (Las fronteras de la justicia), menciona que, «la verdadera libertad no reside en la ausencia de restricciones, sino en nuestra capacidad para pensar, cuestionar y decidir sobre nuestro futuro«. En consecuencia, cada elección que tomamos se vuelve una oportunidad para reescribir nuestra historia y reforzar el edificio de nuestro Ser, oara conectar con nuestro estado más intimo.
Llevar a cabo y poner en marcha la Filosofía en Acción, se vuelve escencial a medida que avanzamos en la vida, las decisiones van definiendo el camino, marcando rumbo, pero también nos van fortaleciendo. La reflexión, nos permite ejercitar nuestra capacidad crítica, nuestra capacidad de cuestionar lo que parece incuestionable. Y es aquí donde radica el fortalecimiento en la idea de «autenticidad»; Martin Heidegger (Ser y tiempo), expone la ideaque vivimos en una constante «huida» de nuestro ser auténtico, sometidos a las presiones externas y las expectativas ajenas. Sin embargo, la filosofía nos ofrece la oportunidad de regresar a revisar nuestro «Ser», para encontrarnos a nosotros mismos más allá de los ruidos del mundo exterior a los que estamos expuestos.
A modo se sintesis, la filosofía práctica nos ofrece una alternativa, en su aplicación alegorica podemos decir que al final, es el martillo que le oprime la fuerza y contundencia que se requiere ponerle al cincel: herramientas que se utilizan para esculpir la alegoia de una vida más consciente y auténtica. Donde cada decisión, cada acto de reflexión, ofrece la oportunidad para edificar el Ser en su forma más fuerte, libre y creativa. Ya lo expuso en su momento Friedrich Nietzsche (Así habló Zaratustra), «quien lucha con monstruos debe tener cuidado de no convertirse en uno«. En nuestra distorción por tratar de buscar la autenticidad, hay que tener el cuidado de no caer en el extravio que es una acción latente para todos, la filosofía se convierte en nuestro mejor aliado, dando guia para que cada acto sea decisivo, no sea solo un acto de elección más, sino un acto de construcción consciente de nuestro interior que fortalezca a nuestro Ser.
