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Liébano Sáenz Columna de opinión

Unidad o irrelevancia

Liébano Sáenz
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Las diferencias entre las oposiciones responden a visiones distintas de la política, del país, del programa a futuro y a consideraciones ideológicas. Sus objetivos se centran, en buena medida, en ganar votos, lo que se traduce en cargos. Es explicable: no sólo porque las prerrogativas dependen del porcentaje de sufragios obtenido, sino porque la meta es el poder, el arribo al gobierno y la representación política.
El desafío inicial de los partidos opositores es plantarse desde la sociedad que dicen representar. Siempre se ha intentado, pero no siempre se ha acertado. Hoy es obligado, y empieza por dejar de lado el interés partidista para hacerse cargo del interés social. Los partidos requieren, ahora más que nunca, ir al encuentro de la expresión ciudadana en lugar de limitarse a abrirle la puerta.
Debe quedar claro que la mayoría de la sociedad no vota por Morena: incluso en 2024, sólo cuatro de cada diez sufragios fueron para los candidatos a legisladores de ese partido. Hay que tener presente, además, que el descontento con el régimen va en aumento y que el voto opositor tiene una inercia que rebasa a los partidos. El sentido político y la lógica de los números revelan la necesidad de construir acuerdos, de hacer de la pluralidad una oposición incluyente desafiando lo convencional.

La credibilidad es el activo escaso. Los partidos políticos en todo el mundo cargan con un déficit de confianza que no se corrige con alianzas de ocasión, sino con una renovación profunda, con candidaturas abiertas a perfiles ciudadanos y una agenda que hable de lo que le duele a la gente: la falta de medicinas, inseguridad, impunidad y el colapso de la gobernanza.
Convertir la pluralidad en fuerza opositora se desprende del valor que tendrán los comicios intermedios de 2027 en la defensa del país, de su soberanía, de su vida democrática y de las libertades. La soberanía implica legalidad y justicia; abatir la impunidad no es opcional, es condición de una democracia creíble.

Frente al fatalismo político hay que anteponer el anhelo de la mayoría de los mexicanos por un mejor presente y poner término al creciente deterioro de la calidad de vida de las familias. Una oposición estratégicamente unificada significaría que Morena pierda la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y que se cosechen triunfos suficientes en estados y municipios. Parte de la estrategia es entender la sinergia entre los comicios locales y los federales: ganar el mayor número de distritos para contener la sobrerrepresentación es el objetivo; la competitividad en ayuntamientos y gubernaturas, el medio.

Nada es sencillo, pero la alternativa es peor: una oposición dispersa, a la defensiva y sin relato le entrega al oficialismo la elección antes de empezar la campaña. La unidad no se decreta, se construye.

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Liébano Sáenz
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Abogado, administrador, funcionario público, columnista y analista político mexicano /Escribe todos los sábados su columna Paralaje.

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