Una transformación que irrita

Por Mtro. Enrique Guzmán Uvence
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«El día en que verdaderamente sepamos preguntar, habrá diálogo» Julio Cortázar.

El ocaso de un gobierno, que prometió ser una transformación histórica, ha demostrado hasta el momento, que su alternativa fue únicamente de comunicación. La estrategia en ese rubro ha sido implacable, logró transformar a sus seguidores en fanáticos y al resto del país en opositores-traidores a la patria.

Los ánimos se siguen encrespando, los «fifís» quieren convencer a los «chairos» de su error y viceversa. Pero ¿es importante hacer cambiar de opinión a los demás? ¿Estamos en ese nivel de discusión? Hace unos días una persona a la que quiero y respeto mucho, parecía querer convencerme de que no soy demócrata por no apoyar a AMLO; y que la refinería de Dos Bocas es la solución para que, en un futuro próximo, México, significativamente, deje de importar gasolina; yo traté de convencerlo de lo contrario.

Independientemente de quien tuviera la razón, la realidad es que existimos millones de mexicanos defendiendo una postura y otros millones defendiendo la otra; pensar diferente no es el problema, el problema es caer en esa estrategia de comunicación que te predispone al encono, a la lucha infructuosa por querer ganar una discusión a costa de lo que sea, asumiendo que eres parte de uno u otro bando. 

Se han hecho muchos chistes y memes sobre los testigos de Jehová, uno de los más recientes que recuerdo tiene que ver con la misteriosa formación que se advierte en una foto de Marte, a la que se le encontró forma de «puerta», en las redes no tardaron en sobreponer imágenes de testigos de Jehová frente a la supuesta puerta.

Hoy en día, pareciera que gran parte de los mexicanos estamos frente a diferentes puertas, enfadados porque no nos quieren abrir, queremos convencerlos de nuestro punto de vista, creyendo que si nos dejan entrar los haremos cambiar de opinión, y al no ocurrir ello, la molestia crece. Tal vez, en este papel de evangelizadores, vale la pena dejar de lado los libros canónicos y respetar la libertad de opinión. Con ello no quiero decir que estén mal los testigos de Jehová, simplemente no he tenido la ocasión de abrir la puerta.

Los gobiernos hacen su trabajo; si es bueno o malo, eso se juzga por la mayoría de los mexicanos en cada elección. Hoy, la transformación resultó ser una estrategia de comunicación irritante y divisiva; al final del sexenio nos daremos cuenta si el producto que se vendió fue suficiente para que la mayoría refrende la aprobación al partido en el poder. Porque toda publicidad nunca es suficiente sin un buen producto.

En las urnas estarán presentes las becas a los jóvenes que no estudian y no trabajan; los apoyos a los adultos mayores; las mañaneras; el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles; la refinería de Dos Bocas; el tren Maya; la falta de medicamentos; el mal manejo de la pandemia; el cierre de estancias infantiles; el gran problema de la inseguridad, entre otros.

El gobierno está haciendo su trabajo; en general, dejémoslo. Lo que nos concierne como ciudadanos es luchar por mantener nuestra democracia, conservar un Instituto que vele por elecciones imparciales en las que se respete la voluntad de la mayoría; seguir pugnando por la transparencia y la rendición de cuentas; saber preguntar para generar diálogos y acciones conjuntas que sumen y, por ende, dejar de tocar puertas que no se van a abrir.

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