LOS GOBIERNOS AUTORITARIOS

Por Mtro. Enrique Guzmán Uvence
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Existen una serie de factores que explican el aumento de la tolerancia hacia gobiernos más autoritarios. En su libro «La Revancha de los Poderosos» Moisés Naím explica que ante la apreciación de que la sociedad está cambiando deprisa, se perciben amenazas en el incremento de las libertades de la multitud y, en la falta de control de los gobiernos democráticos. Es decir, la gente tiene cada vez más libertades y los gobiernos más limitaciones.

El autor expone, que los centros de poder tradicionales de los países están perdiendo la capacidad de impulsar la riqueza económica de la sociedad y, con ello se crea el deseo de soluciones cada vez más radicales. Así, una gran masa de ciudadanos que ha visto deteriorada su condición de vida después de grandes decepciones a lo largo de los años, ha dejado de creer en los principios democráticos y ha llegado a la conclusión de que algo les impide progresar social y económicamente, sienten que cada vez están más lejos del lugar que les correspondería. Esa sensación ha generado una inclinación muy extendida hacia los dirigentes autoritarios.

Las sociedades libres enfrentan un enemigo nuevo e implacable. Una nueva clase de dirigentes políticos no convencionales, que comprendieron que una estrategia radical podría ofrecer nuevas oportunidades para obtener y ejercer el poder; dicha estrategia se basa en el uso conjunto de tres instrumentos: el populismo, la polarización y la posverdad.

El populismo es una herramienta muy versátil que utiliza el pesimismo para maximizar la percepción de que existe un ambiente corrupto, caótico y fallido; para encasillar a los rivales políticos como delincuentes; para simular amenazas de enemigos exteriores; para enaltecer a los militares; para despreciar a los expertos; para demeritar las denuncias de los
medios de comunicación; para erosionar el sistema de pesos y contrapesos; para instituir el mesianismo como respuesta a estos enemigos comunes, a través de un dirigente carismático que lucha contra las élites que oprimen al pueblo.

La polarización, por su parte, elimina la posibilidad de soluciones intermedias, obliga a todos a tomar partido, a estar a favor o en contra; es un juego inicuo en el que es muy fácil caer, porque no hay forma de llegar a acuerdos, no hay treguas, no hay margen para un apoyo razonado. La polarización actúa siguiendo la dinámica del fanatismo: los seguidores se identifican intensamente con una celebridad y sienten una aversión hacia cualquier otra persona que se vislumbre como rival.

La posverdad se esgrime para empañar la realidad, el objetivo no es mentir, es enturbiar las aguas hasta que sea difícil distinguir la diferencia entre verdad y falsedad. Desgastar las leyes, las instituciones, la división de poderes, pero no de manera directa, se trata de imitarlos no de negarlos, de esta manera se desprecian, se manipulan y se erosionan gradualmente; se van sustituyendo con un aspecto similar que los vacía de contenido.

El clima ha sido propicio para que funcionen este tipo de tácticas de gobiernos autocráticos y revanchistas: Donald Trump en Estados Unidos, Vladímir Putin en Rusia, Viktor Orbán en Hungría, Rodrigo Duterte enFilipinas, Narendra Modi en India, Jair Bolsonaro en Brasil, Nayib Bukele en El Salvador, entre otros.

La gente, decepcionada, quiere creer, sentir que es parte de un nuevo comienzo, de un espacio menos contrastante, de un lugar en el que se puede crecer desde el equilibrio; pero que, para equilibrar es necesario primero, extremar. En ese anhelo, se engarza la exacerbación provocada por los populistas para erigirse como la solución prodigiosa e inducir a una división maniquea, en la que solo ellos y sus seguidores representan el bien y la verdad –esa verdad mortecina–.

Es por ello que, ante la cantidad de información de la que se dispone en internet, se debe aprender a filtrarla y a desarrollar un pensamiento crítico, pero también a buscar las coincidencias, a no solo creer sino crear en nosotros espacios de armonía, armonía incluso en el disentimiento; evitar que todo siga avanzando hacia la elección de este tipo de personajes que buscan un poder ilimitado.

¿Qué tan lejos están esas estrategias de transformación ofertadas, de lo que fueron los antiguos los imperios? «Al pillaje, la matanza y el robo les dan el falso nombre de imperio; producen un desierto y lo llaman paz» Calgaco sobre el Imperio romano.

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