El candidato de la oposición

Por Mtro. Enrique Guzmán Uvence
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Es buen momento para empezar a evitar la histórica veneración a la figura del presidente.

Cuando estudiaba la primaria, si cometías un error muy notorio o decías una gran tontería, te daban pamba entre todos. No estoy seguro si todavía es común dar pamba, pero en aquellos años era un castigo de tus compañeros que consistía en dar golpes con la palma de la mano en la cabeza -sin causar daño-; lo único que te quedaba por hacer, era cubrirte la cabeza con los brazos y las manos mientras duraba la pamba; cuando digo que sólo eso te quedaba por hacer, me refiero a lo siguiente: cierto día, un niño se enojó por recibir ese castigo y en el momento en que todos se alejaban después de propinarle sus manazos, lanzó una patada en la espinilla al único que alcanzó, para su mala fortuna, el chamaco al que pateó, era de los más altos y rollizos del salón, así que, sin dudarlo se regresó y le dio un manazo más, lo que pareció disiparle el enojo, entendió que si te superan en número o en tamaño, la salida no es la confrontación.

Difiero con aquellos que les urge ver un candidato de oposición que le haga frente a las «corcholatas» de  López Obrador, desde mi punto de vista, definir un candidato ahora, es innecesario, porque sería caer a su juego, ponerlo en el terreno del espectáculo, de lo visceral, de la hostilidad y la rivalidad; estaría en sus manos y por tanto en manos de la gente que ha ligado su identidad a una sola persona y no a una ideología; esa masa, irracionalmente satanizará a cualquier oponente. Al mismo tiempo, la oposición cometería el mismo desliz si lo que busca es exclusivamente una persona que los represente. Es buen momento para empezar a evitar la histórica veneración a la figura del presidente.

¿A quién debe convencer el candidato de oposición? Recordemos que el presidente de México logró convertir a sus simpatizantes en fanáticos. La diferencia entre unos y otros es que los simpatizantes le darían la espalda a un político que infringiera gravemente una norma, los fanáticos se volcarían en contra de la norma. Por tanto, como dice una vieja frase popular, esa base de fans «ni yendo a bailar a Chalma» votará por otro candidato que no sea el que indique AMLO. En la misma situación se encuentra un gran número de personas que ni por error votaría por una candidata o candidato proveniente de ese movimiento nihilista que trata de desacreditar a toda costa las instituciones democráticas mexicanas.

Así, el candidato o candidata de la oposición deberá convencer, pero en su momento, a un sector de la población –el sector vacilante–, un grupo que no se siente identificado con ninguna de las dos opciones. La clave está en que, según  expertos, una cantidad importante de estos indecisos normalmente resuelven su voto, directamente frente a las urnas.

Con esto en mente, queda claro que el tiempo no es un factor, por lo menos no a favor de la oposición; por el contrario, anticipar una campaña sería contraproducente. Lo que corresponde a la oposición y más allá, a la ciudadanía, es revisar y exigir al poder; demostrar que México tiene una sociedad activa, que interactúa, que no dejará que le arrebaten las bases de la democracia.

Esa sociedad, hace unos días lo demostró. El pasado 13 de noviembre al salir a las calles a manifestarse para defender la democracia, cientos de miles de mexicanos le dieron «pamba» al autoritarismo. En esta ocasión, «el niño de primaria enojado» fue el gobierno, cometió el mismo error, dio algunas patadas sin ton ni son que solamente les trajo como respuesta, un par de manazos más. Por ejemplo, un día antes activó una contingencia ambiental atmosférica por ozono en la zona metropolitana del Valle de México, que curiosamente desactivó al día siguiente. Martí Batres, Secretario de Gobierno de la Ciudad de México, publicó en sus redes que los asistentes a la marcha fueron entre 10 mil y 12 mil personas, es decir, trató de minimizar la manifestación ciudadana pero la evidencia fotográfica y de video lo regresaron –de un manotazo– a la realidad. El propio presidente de la República denostó y despreció a los ciudadanos que marcharon, pero ese día, una representación ingente de mexicanos se unió por una causa y no por una persona. «El niño» seguirá dando patadas, señal de que el enojo no ha menguado, sin embargo, le dará puntapiés a una sociedad con una causa más grande y compleja que un adversario de oposición; y ésta, le devolverá cada golpe con sólidos impedimentos a un pretendido gobierno sin restricciones. «Todo gobierno se degenera cuando se deja solos a los gobernantes, porque éstos hacen mal uso de la confianza pública» Thomas Jefferson.

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