DESFRAGMENTANDO LA IDEALIZACIÓN: INTERACTUANDO EN LA COMPLEJIDAD
Por Cristian Trejo · 15 Dic 2025 · 5 min de lecturaDentro del infortunio que puede tener la complejidad cuando hace acto de presencia, donde se va desfragmentando la idealización y con ello se alcanzan a disolver los retos que se vienen día con día, tratando de sostener el objetivo de ir superando la existencia a cada paso, manteniendo el semblante donde la expectativa se orilla a un punto donde se pierde y parece como si se estuviera esperando algo inesperado, sin saber que, nos mantiene a la expectativa y el morbo de una postura en contrario; Nicolás Berdiev (El destino del hombre), no esta errado, cuando considera que la esencia del hombre esta encaminada en lo espiritual, lo creativo y la libertad, con la atenuante que también está muy marcada la limitación y la contradicción y por ello la complejidad emerge de la tensión entre el espíritu y la naturaleza, la libertad interior, la condiciones externas, la creatividad y lo finito; tal parece que es innegable que el hombre se encuentra debatiendo en la constante del espíritu como en la materia, viviendo en este conflicto ontológico.
Parece que el reto esta en buscar el orden dentro del desorden, todo un reto que se vuelve un acto para crear una serie de acciones y justificantes a las conjeturas que se presenten dentro de esta interacción para con el otro, el hombre por su naturaleza es complejo; en este sentido Edgar Morin (El Método), sostiene que el hombre es un ser complejo porque integra múltiples dimensiones que son inseparables: como lo es la composición; biológica, psicológica, social, cultural, simbólica, por lo tanto, no se puede comprender al hombre en la reducción de una sola parte; el ser humano es en plural, un “nudo de contradicciones”, con la combinación de la razón y emoción, individualidad y la interacción social, por hacer mención de algunos ejemplos.
El centrar la idealización a nivel individual, y la exigencia de hacer una determinación de un ser “puro” o “coherente”, tratando de llevar a cabo un reduccionismo para entender a la contradicción entre los diferentes aspectos que pueden estar interactuando en la vida (valores que son arraigados y deseos personales), mantienen una profunda frustración porque idealiza y navega en la idea que debe “ser un humano coherente” y “sin contradicciones”; conlleva a una auto-exigencia donde el dialogo interno del Ser se fractura; las inevitables etiquetas que se encuentran en la sociedad, con la simpleza (de es esto o aquello), tal parece que son idealizaciones que refuerzan la unidimensionalidad, dan la pauta abrir la puerta y preguntar ¿la filosofía debe intervenir para instruir en la vida?, ¿bajo la idea de crear un principio dialógico? (como lo propone Morín, podría parecer antagonista y complementario (entre el orden y desorden, razón y pasión), pero la alternativa de solo dialogar desde la complejidad (aceptando y nombrando las contradicciones) puede ser el comienzo para tener una interacción más sana consigo mismo y los demás.
No hay que perder el rumbo de la disyuntiva que llega a portar la filosofía occidental, donde hace una separación del paradigma cartesiano, como lo menciona Rene Descartes (Meditaciones Metafisicas), al exponer, su famosa dualidad ontológica la “res cogitans”(cosa que piensa), / “res extensa” (cosa extendida), esa constante contradicción entre la mente y la materia, donde el problema radica en explicar como interactúan, es decir, cómo algo inmaterial (la mente), puede influir en lo material (el cuerpo), y como expone Edgar Morín (Introducción Al Pensamiento Complejo) este paradigma “ha permitido, sin duda, los enormes progresos del.. conocimiento científico, pero a costo de la “negligencia ciega” que destruye los conjuntos, y tal como señala la consecuencia es la generación de la simplificación a una visión unidimensional de las culturas y los problemas sociales, impidiendo una visión multidimensional y de solidaridad entre los fenómenos. Se manifiesta en el reduccionismo y el pensamiento binario (bueno/malo, amigo/enemigo).
No podemos dejar atrás que el pensamiento complejo, así como la complejidad que trae aparejada la articulación de la incertidumbre y la dialógica (forma de comprender la realidad); esta ausente, tal parece que es el imperativo filosófico de nuestro tiempo para superar la limitación del pensamiento cada vez más idealizante, se sabe que no es una tarea sencilla el tratar de entablar una interacción humana sana cuando lenguaje y la mente asumen una realidad no como un simple esquema, sino que forma parte del tejido complejo donde el orden y desorden coexisten, y donde el diálogo se convierte en la base de la comprensión mutua, y llegar a un proceso de conversión para poder realizar una injerencia mas puntual sobre como actuar en determinado momento, donde los recursos parecen estar agotados, siempre existe una alternativa más, la disposición es fundamental, lo que a veces puede parece que forma parte del “sentido común”, tal parece que, es de lo que adolece y “carecen del más común de los sentidos”; haciendo referencia en la aplicación de un razonamiento lógico, se abre la pregunta ¿como te relacionas e interactúas con el otro, desde la simpleza o la complejidad?, abracemos nuestra diferencia para lograr entendernos.
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