Se vuelve imprescindible ver la reacción cuando no se presentan las situaciones como lo esperas, se deviene (en la mayoría de los casos) con la interpretación de no estar preparado para ese momento, por lo tanto, el individuo carece de dimensión para llevar a cabo una comprensión mas amplia de lo que sucede, y la frustración que embalsama el ambiente se vuelve propicio para la reflexión al grado de preguntar ¿por qué no se da como yo quiero? (tal o cual cosa que se quiera), el replanteamiento a la pregunta sería ¿estoy preparado para lo que quiero?, tal parece que la vida no cumple caprichos, y es más fácil responsabilizar a otros por lo que verdaderamente se esta viviendo en ese momento.
El anhelo que se presenta por la predisposición de diseñar arquetipos en la mente,
y explotar la ilusión de lo que se quiere, deja atrás su contraparte que viene hacer, la no-obtención de aquello que se desea, son las dos caras de manera diferente que están en la misma moneda, es decir no hay diferencia, al obtener una negativa, el horizonte se nubla; No obstante, dentro (se esconde en lo más profundo) una invitación a restaurar el Yo y su contexto. No hay que perder de vista, cuando algo “no se da como uno quiere” o “como queremos” regularmente el deseo opera bajo un estrecho marco de referencia. Desde el referente donde la cosmovisión puede ser participe, para delinear un principio antrópico, donde el universo debe tener propiedades que permitan nuestra existencia, solo se lleva a cabo la delimitación a observar el universo compatible con nuestra existencia, de lo contrario no existiría esa autoobservación, el filosofó francés Gilles Deleuze (Mil mesetas) menciona el “rizoma” (el rizoma no empieza y no termina, siempre suele estar en medio entre las cosas), lo anterior, para hacer referencia al fractal, donde las posibilidades pueden y son tendiente al infinito.
Imaginemos por un momento, dentro de la hipótesis de estar ante la presencia de la búsqueda de algo en particular, en el contexto personal se aclama con el fervor porque se de aquello que se anhela, ya sea por tiempo o aspiración o simplemente por el gusto mismo de que se de, en la coexistencia están diversos planteamientos ante el mismo hecho; la reacción no radica en ir contra el mundo, sino en ir reconociendo cada eslabón de la cadena de nuestro plano, el cual forma parte de varias posibilidades, entonces la reflexión para que cause sentido puede ser ¿al no estarse dando “eso” como uno quiere, a su vez, se estaría previniendo de algo?; se esta ante una posibilidad muy profunda, que amerita una pausa para su debida atención.
La reflexión nos puede llevar a corrientes filosoficas muy especificas, por una parte a la ontología (el estudio del ser) y en otro punto a la fenomenología (el estudio de la experiencia consciente). Para que una cosa ocurra como tú quieres, se requiere de la alineación de múltiples voluntades o factores que causen sentido que coexisten, a menudo en tensión. En su momento, el filosofo Maurice Merleau-Ponty (Fenomenología de la percepción), argumentó que no somos mentes desencarnadas, sino seres-en-el-mundo, inseparablemente unidos a nuestro entorno. Este «mundo» es la suma de los contextos coexistentes. Recordando que el cuerpo no es un objeto en el mundo, sino un medio general para tener un mundo.
Cuando el resultado es adverso, regularmente las preguntas afloran, es común y recurrente y por demás escuchada ¿por qué a mí?, ¡sino¡ ¿qué puede revelar la falta de arquitectura del presente?, no hay que perder de vista que el “no”, ejerce la función como un espejo que muestra los contextos que no se habían considerado o los cuales no se les dio el suficiente peso que se requeria en su momento.
Tal parece que la enseñanza no radica en la paz del cumplimiento del deseo, sino en la compresión del contexto que es plural y por ende la voluntad externa es ineludible, el estoicismo clasico estaría presente en Epicteto (Enquiridión), donde expresa, «No pidas que los acontecimientos ocurran como deseas; acepta los acontecimientos como ocurren y vivirás en paz.». Al aceptar, la confluencia para transformar la frustración en visión y la negación en acción estratégica; conlleva a lograr una reacción ágil y reflexiva a la falta de control en la responsabilidad de encontrar un nuevo sentido y hacer un reajuste en la acción dentro de lo que sea delineado hacer y así la carga puede ser menos pesada.
