La Raya del Tigre

Por Rubén Cárdenas
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Llega otra ministra a la presidencia de la Corte, pero ¿Debe irse Esquivel?

La Suprema Corte de Justicia de la Nación eligió por primera vez a una mujer como presidenta. A partir de ayer, la ministra Norma Lucía Piña Hernández, quien ha hecho apasionada defensa a favor del aborto, derechos de la comunidad LGBTQ+ y contra la militarización del país, estará al frente del órgano de justicia más alto de México por los siguientes cuatro años, así como del Consejo de la Judicatura Federal.

En un hecho sin precedentes y, después de tres rondas de votación, Piña Hernández obtuvo 6 votos contra 5 de su más cercano competidor, el ministro Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, quien se jugó su última carta, ya que no tendrá otra oportunidad debido al tiempo que le resta en su cargo, el cual termina en el 2027.

El interés público estaba puesto ayer en el proceso de sucesión de la Suprema Corte, tras la polémica desatada por el asunto de la ministra Yasmín Esquivel, quien presuntamente habría plagiado gran parte de su tesis de licenciatura cuando egresó de la UNAM en 1986, lo que  ciertamente se convirtió en un impedimento para sus pretensiones.

A la vista de todos, la ministra Esquivel parecía encabezar las preferencias del gobierno de la Cuarta Transformación para llegar a esa responsabilidad, pero su nominación al frente del Poder Judicial provocó una crisis de desconfianza ciudadana, ya que quedó en duda su ética y calidad moral para el cargo.

En cuanto a la hoy presidenta Piña Hernández, llegó a la Corte en el año 2015 propuesta por el entonces presidente Enrique Peña Nieto. A lo largo de 7 años como ministra, ha fijado posturas progresistas en defensa de los derechos humanos, lo cual advierte una etapa de apertura en la aplicación de justicia en México, un renglón tan cuestionado.

Y, tan pronto como trascendió su nombramiento como presidenta de la Corte, poco después del mediodía de ayer, cesó la presión que había en el Poder Judicial para que la ministra Esquivel mantuviera su candidatura hasta el final, lo cual sucedió, pese a las muy conocidas circunstancias que la imposibilitaban para su aspiración; de hecho, desde la primera ronda sólo obtuvo un voto.

Por cierto, lejos de haber desaparecido la inquietud de que renuncie y, por más que su defensa legal siga intentando limpiar el nombre de la ministra respecto al presunto plagio, no se apagan las voces representativas de sectores políticos y sociales exigiendo que se vaya, pues dejó de ser confiable para el puesto que ocupa.

Y es que, una vez que la UNAM admitió el plagio de la tesis por parte de la ministra Esquivel, es una descalificación en automático que la pone en evidencia; en nada le abona al Poder Judicial mantenerla en activo, sino todo lo contrario, y el país no está como para que uno de sus Poderes cobije la ineptitud moral de una integrante, mucho menos ganando lo que ganan. Al tiempo.

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