En la capital de Colima, la seguridad pública se sostiene cada vez más por la intervención del Gobierno del Estado que por la capacidad del Ayuntamiento. Las cifras de detenciones, patrullaje y reducción de homicidios exhiben un contraste incómodo para el presidente municipal, Riult Rivera Gutiérrez: mientras la Policía Estatal acumula resultados, la corporación municipal permanece rezagada.
Durante los primeros siete meses de 2026, la Policía Estatal realizó 286 detenciones dentro del municipio de Colima, mientras que la Policía Municipal apenas registró 46. Es decir, la corporación estatal efectuó más de seis veces las detenciones reportadas por la autoridad municipal.
El rezago también se refleja en las calles. La Policía Estatal mantiene 31 patrullas operativas en la capital, mientras que el Ayuntamiento dispone únicamente de ocho unidades. El contraste es todavía más grave al comparar resultados: Manzanillo reportó 449 detenciones municipales, Tecomán 149 y Villa de Álvarez 48. La Policía Municipal de la capital quedó incluso por debajo de corporaciones de municipios más pequeños.
Los resultados de la estrategia estatal no se limitan a las detenciones. Tras la puesta en marcha de la Estrategia Baluarte, el 16 de marzo, las cifras de homicidio doloso comenzaron a mostrar una disminución sostenida: de 63 casos en abril se pasó a 49 en mayo, 45 en junio y solamente 20 en julio. Este último fue el mes con menos homicidios registrado en Colima en los últimos once años. Los datos muestran que la Secretaría de Seguridad Pública estatal fortaleció su presencia, incrementó su capacidad operativa y consiguió resultados medibles.
Sería fácil responsabilizar a los policías municipales, pero también sería injusto. Los elementos no deciden el presupuesto, no compran patrullas, no autorizan contrataciones y tampoco diseñan la estrategia. Esas decisiones corresponden al alcalde Riult Rivera y a su administración.
Mientras la Policía Estatal detiene a presuntos generadores de violencia, despliega patrullas, fortalece la Estrategia Baluarte y contribuye a reducir los homicidios, la corporación municipal aparece limitada y prácticamente ausente de los principales resultados. El Gobierno del Estado está llenando los huecos que deja el Ayuntamiento, mientras el alcalde administra declaraciones y fotografías.
La seguridad de la capital no puede depender permanentemente de que otra autoridad haga el trabajo. Riult Rivera fue electo para gobernar Colima, no para contemplar desde el Ayuntamiento cómo la Policía Estatal rescata a su administración.
Las cifras ya dictaron un veredicto político: mientras el estado presenta resultados, el gobierno municipal sigue presentando excusas.
Por cierto:
1. CAMBIOS JUVENILES. La renovación de Acción Juvenil del PAN capitalino estuvo a punto de quedar atrapada por los intereses de grupo. El ahora exdirigente Edmundo Guadarrama se resistía a firmar el documento necesario para iniciar el proceso, al saber que no tenía condiciones para garantizarle a su jefe político, el alcalde de Benito Juárez, un sucesor perteneciente a su equipo. La negativa obligó a los jóvenes panistas a acudir ante los Tribunales Electorales para destrabar una elección que debió celebrarse sin obstáculos ni cálculos personales. Antes del registro, distintas expresiones juveniles y liderazgos del partido buscaron construir un acuerdo de unidad. Don Pepe Estrada, que lleva la “revista” de chismes panistas, documentó paso a paso el entendimiento y reconoció la disposición de los distintos grupos para respaldar a Fernanda Azuceno. Aunque el coordinador de los diputados locales, Andrés Atayde, no tenía inicialmente el tablero ganado, sí contaba con una candidata cuya tenacidad, trabajo y capacidad para generar simpatías terminaron por sumar voluntades. Fernanda Azuceno tiene ahora la oportunidad de encabezar una nueva etapa. Mucho éxito.
Vivo la noticia, para contarle la historia
@juanmapregunta
