RE-CIRCULADO: ENTENDIENDO LOS CICLOS EN LA VIDA
Por Cristian Trejo · 22 Sep 2026 · 5 min de lecturaLa idea que es semejante para poder hablar y entender los “ciclos”, suele evocar inmediatamente la idea de repetición. Sin embargo, los “ciclos” guardan la particularidad, que nunca ocurre en condiciones idénticas, siempre existe algo que lo llega a percibir de manera diferente. Haciendo una semejanza para hacer referencia de hablar sobre situaciones y contextos que se encuentran dentro de la vida, se puede decir, que cada regreso incorpora experiencias, pérdidas, aprendizajes y nuevas incertidumbres. Por lo tanto, los “ciclos” no son círculos cerrados; se asemejan más a espirales donde aparentemente se vuelve al mismo punto, aunque desde una perspectiva distinta, pero con un ritmo que retorna y trae nuevo aprendizaje.
Los ejemplos que se pueden tomar como referecia son inmuerables: van desde relaciones que parecen repetirse, conflictos laborales que cambian únicamente de actores o proyectos que fracasan siguiendo una estructura sorprendentemente similar o acciones que pueden notarse como algo que fue superado. La cuestión aquí a destacar, es tener presente que la vida no es rigida, desde luego se vuelve relevante, por tratar de evitar algunos acontecimientos, la substancia esta en comprender qué nos devela acerca de nuestra forma de interactuar con el mundo.
Con ironía podemos notar – en un sentido profundamente trágico— observar cómo muchas personas cambian de empleo esperando un jefe diferente, de pareja esperando una historia distinta o incluso de ciudad esperando una vida nueva, únicamente para descubrir que el elemento constante del problema siempre viajó con ellas y muchas veces no logran entenderlo.
Y en este sentido estamos hablando de integración, Edgar Morin (Cambiemos de vía), propone que la realidad debe comprenderse mediante el pensamiento complejo, donde todo fenómeno constituye simultáneamente causa y consecuencia dentro de sistemas recursivos. La vida cotidiana no avanza linealmente; funciona mediante procesos circulares donde cada decisión modifica el contexto que posteriormente condicionará nuevas decisiones; Por ello, la importancia de estar alerta para poder identificar este tipo de situación que a veces tiene matices atipicos, debido a que resulta relevante cuando se observan las dinámicas laborales, familiares o sociales. Una discusión no comienza únicamente con las palabras pronunciadas de ese día; es el resultado de múltiples interacciones acumuladas, que tiene un efecto de bola de nieve.
Del mismo modo, un logro profesional raramente depende de un solo acontecimiento extraordinario, sino de pequeñas acciones repetidas durante largos periodos de acción. Carol Dweck (Mindset: La actitud del éxito), añade que los “ciclos” de aprendizaje dependen profundamente de la mentalidad con la que se interpretan los errores. Una mentalidad fija transforma cada fracaso en evidencia definitiva de incapacidad; una mentalidad de crecimiento convierte exactamente la misma experiencia en un nuevo comienzo del “ciclo” de aprendizaje. Ahora la `pregunta es ¿tendremos elementos para observar de manera diferente?, o ¿se sigue viendo igual que antes?.
Viendo desde otro ángulo, James Clear (Hábitos atómicos), demuestra que los hábitos funcionan precisamente como “ciclos” compuestos por señal, acción y recompensa. Lo extraordinario no surge de actos heroicos aislados sino de miles de pequeñas decisiones aparentemente insignificantes que, acumuladas, modifican profundamente la trayectoria vital. Al final todo lo que se constituya como una herramienta en pro de agregar cambios a nuestra vida es valido. No es sencillo, el interactuar con acciones que no se han asimilado, es un proceso, cada individuo hace la integración desde su propia estructura de entendimiento; Hartmut Rosa (Lo indisponible) argumenta que la aceleración social ha debilitado nuestra capacidad de establecer relaciones significativas con el tiempo. La búsqueda constante de eficiencia produce individuos que administran agendas, pero pierden contacto con los ritmos naturales de la existencia. Por lo tanto, los ciclos cotidianos funcionan precisamente como reguladores invisibles de esa relación temporal. Donde la rutina esta presente dormir, trabajar, descansar, construir relaciones y establecer vínculos, enfrentar pérdidas y comenzar nuevamente constituyen movimientos recurrentes que permiten mantener cierta estabilidad psicológica. Que regularmente el individuo no esta preparado.
El estudio de la neurociencia contemporánea, hace un aportación coincidente parcialmente con esta perspectiva, a través de Lisa Feldman Barrett (La vida secreta del cerebro), demuestra que el cerebro interpreta continuamente patrones para anticipar el futuro. Muchas veces aquello que llamamos destino constituye simplemente la extraordinaria capacidad cerebral para reproducir modelos previamente aprendidos. Soprendentemente estamos ante una acción de estar diseñando modelos, a veces asumiendo escenarios en la incognita de no saber lo que pasara (en numerosas ocasiones), la vida no necesita castigarnos demasiado; basta con permitirnos repetir indefinidamente nuestras propias decisiones hasta que finalmente decidamos prestar atención, y poder salir del bucle.
La acción constante para poder hacer un ejercicio reflexivo, donde se integre los “ciclos” en las diferentes facetas de interacción que tiene el individuo, conlleva aceptar que la estabilidad y el cambio no son conceptos opuestos. Debido a que todo proceso estable contiene transformación, mientras que toda transformación requiere cierto grado de continuidad y entendimiento. Hagamos que la filosofia práctica sea un hecho y no solo se quede en una idea conceptualizada; la madurez no consiste en escapar de los ciclos, es entender para elevar la calidad de nuestra participación dentro de ellos. Cada repetición puede convertirse en estancamiento o en evolución dependiendo del nivel de conciencia con el que sea experimentado, ¿tú como estas en el ritmo de tu vida integrando los ciclos?. La vida seguirá girando. La verdadera pregunta consiste en decidir si giraremos dormidos o despiertos.
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