Las mujeres, pilar de la conciencia colectiva

Armando Ríos Piter
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Semana cardiaca. No habrá aranceles por lo pronto. Ganamos un mes de prórroga. Tras bambalinas la verdadera negociación. ¿Serán las aduanas? ¿Serán los aranceles contra China? ¿Será alguna patrulla tripartita que vigile el territorio estadunidense? ¿Serán todas las anteriores u otra propuesta aún inimaginable? Pronto lo sabremos. Mientras tanto, Claudia se arropó de pueblo en la plaza pública, cantó el Himno y ganó terreno frente a su base.

Subyacente al debate binacional, la incongruente “cacofonía” de la clase política. Los jefes regionales se impusieron sobre las intenciones presidenciales. Habrá nepotismo por decisión legislativa y redacción constitucional en 2027. La fuerza del “caudillismo”, los alfiles camerales y el pragmatismo ramplón de los partidos desnudó la realidad cotidiana de nuestras entidades federativas. Como a principios del siglo pasado, los cacicazgos locales —que lideran clientelas, dominan recursos privados, manejan recursos públicos e incluso llegan a aliarse con fuerzas ilícitas— imponen sus voluntades y fueros.

Así cierran los primeros cinco meses del mandato de la primera jefa del Ejecutivo federal en México. En este escenario, la primera conmemoración del 8 de marzo implicó la presencia de miles de mujeres que tomaron las calles de las principales ciudades del país. Tan sólo en la CDMX se reportó que unas 200 mil personas conformaron una multitud verde y morada en defensa de la igualdad, en rechazo a la violencia machista —que sólo el año pasado dejó 839 feminicidios— y con mensajes hacia el oficialismo: “Esperemos que Sheinbaum nos apoye como mujer”.

Las manifestaciones se han convertido en un fenómeno masivo, con un significativo impacto político. Para entender de mejor forma las ideas y conceptos que se desahogan en estos procesos, vale la pena revisar la conversación sociodigital que estuvo presente en torno a las marchas.

El diálogo en redes sociales alrededor de esta conmemoración fue predominantemente en tono positivo. La exigencia de que las mujeres ¡sean siempre libres, plenas y felices” tuvo el mayor alcance. El activismo se centró principalmente en la lucha por los derechos y la igualdad. También, el reconocimiento a mujeres destacadas ocupó de manera significativa la discusión. Valga destacar que, del análisis, se aprecia una importante evolución en el movimiento feminista hacia una fuerza política y social significativa, que requiere respuestas institucionales más efectivas y un debate público más constructivo.

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