En esta ocasión contaré una breve historia que parece que fue ayer, sin embargo ya han pasado algunos lustros desde aquel encuentro que derivó en el diálogo más significativo de mi existencia, aquella dialéctica deja ver lo que ahora se puede decir como una simple historia, como muchas en este mundo.
En el momento más obscuro y bajo al amparo del alba, la incertidumbre se presenta frente a tí, ese ente o ser, para referirnos a la Muerte o como dicen los neurólogos “la muerte es la pérdida de la conciencia de forma inesperada”… es así que probablemente me encontraba ante la presencia de mi conciencia alterada o una ilusión extremadamente relevada, en ese momento cualquier justificación es válida para evitar hablar de la muerte.
En esa ocasión recuerdo que el debate entre la vida y la muerte fue un encuentro inesperado, es un breve espacio que inmuta al tiempo donde se hace eterno el solo recordar, se empieza a vivir todo aquello que ha causado una relevancia significativa en el desarrollo de la vida, y parece que entramos en la paradoja del soñador en la cual no se sabe, si la vida es un sueño o el sueño es la vida; dejando atrás el dolor y la pérdida o desesperación, llegando al punto de crear cuestionamientos como ¿será acaso que ya no estoy aquí?, ¿qué puede pasar si decido ya no seguir en este mundo?, ¿es verdad que esto es real?, es normal que durante ese evento la respuesta no es inmediata para un tiempo que puede ser muy corto de asimilar.
Cualquier respuesta era viable para evadir la realidad, entre el delirio y la alucinación o simplemente una creación de la imaginación inconsciente y en otro plano observaba que el cuerpo todavía se mueve. Parece una escena de una película de ciencia ficción, lo innegable es que el miedo doblegaba al grado que desarma y deja sin nada que pueda uno ocupar para defenderse, y solo recordaba el soltar, dejarme ir ante la confianza de que lo que fuera así tenía que ser, mientras el instinto de supervivencia se hace presente el diálogo, aflora al grado de decirle a la muerte, estamos a mano y en paz, no me debesm, ni te debo, pero ambos nos respetamos, la negociación más dura que pueda tener uno en la vida. Estar vivo y estar presente.
Volviendo al retorno de la esta gran experiencia llamada vida, creando realidades y recolectando momentos a cada instante, con una basta experiencia de contención solo en mi cabeza una palabra: quiero seguir adelante.
