Columna de opinión
El celular en la escuela: prohibir no basta
Filiberto Cruz MonroyMéxico ha decidido ponerle freno al celular en las escuelas. A partir de octubre, primaria y secundaria tendrán una restricción total durante la jornada escolar, mientras que en educación media superior y superior cada comunidad educativa podrá establecer sus propias reglas. La decisión abre un debate que va mucho más allá de decidir si un teléfono entra o no al salón: ¿estamos frente a una herramienta que debe ser retirada o ante una tecnología que debemos aprender a utilizar?
En primaria y secundaria parece existir un terreno relativamente claro. Los problemas asociados con la distracción, el ciberacoso, la grabación y difusión de contenidos sin permiso y el uso excesivo de pantallas justifican que las escuelas establezcan límites. El propio secretario de Educación Pública ha señalado la preocupación por el impacto de los dispositivos móviles en la comprensión lectora.
La discusión cambia cuando hablamos de adolescentes de educación media superior. Ahí una prohibición absoluta parece mucho más difícil de sostener como regla general. No porque el celular deje de distraer, sino porque estamos hablando de estudiantes que se encuentran en una etapa distinta y que, además, utilizan estos dispositivos como una de sus principales herramientas para acceder a información.
El teléfono puede ser una distracción, pero también puede ser una biblioteca, una herramienta de traducción, un mecanismo de accesibilidad, una fuente de información y un recurso educativo. El problema, entonces, quizá no sea el dispositivo en sí, sino qué hacemos con él.
La evidencia internacional muestra que 114 sistemas educativos ya cuentan con prohibiciones nacionales de teléfonos celulares en las escuelas. Otros países han elegido caminos diferentes: algunas regulaciones restringen su uso durante las clases, otras permiten emplearlos con fines educativos y algunas dejan las decisiones en manos de las autoridades locales o de cada escuela.
Esa diversidad debería hacernos desconfiar de las soluciones demasiado simples. Porque retirar el celular no elimina automáticamente los problemas que existen alrededor de la tecnología. Tampoco enseña a un adolescente qué hacer cuando tenga acceso ilimitado a ella. Y tarde o temprano tendrá que aprender a administrar su atención, verificar información, proteger su privacidad y relacionarse responsablemente con los entornos digitales.
Hay además una cuestión de desigualdad que no puede ignorarse. Para algunos estudiantes, el celular puede ser la principal vía de acceso al mundo digital. Una restricción indiscriminada podría significar también limitar el acceso a libros digitales, herramientas de traducción o funciones de asistencia para personas con discapacidad.
Por eso el debate debería evitar dos extremos: pensar que el celular es indispensable para aprender o asumir que es necesariamente enemigo de la educación.
La regulación tiene sentido cuando el teléfono interrumpe el aprendizaje, expone a los estudiantes a riesgos o afecta su bienestar. Pero una buena política educativa tendría que distinguir entre utilizar un celular para distraerse durante una clase y utilizarlo bajo supervisión para investigar, leer, traducir o acceder a una herramienta de apoyo.
Y aquí está, quizá, la parte más complicada para la educación media superior. A un adolescente no solo hay que decirle qué está prohibido. También hay que enseñarle cuándo una herramienta debe permanecer guardada y cuándo puede utilizarse responsablemente.
La escuela tiene una oportunidad que va más allá de controlar dispositivos: formar ciudadanos capaces de convivir con la tecnología. Porque si el objetivo es que aprendan a concentrarse, leer, estudiar y relacionarse con otros, necesitamos límites. Pero si también queremos que desarrollen alfabetización digital y pensamiento crítico, necesitamos enseñarles a utilizar la tecnología.
En primaria y secundaria, restringir puede ser una respuesta. En educación media superior, la pregunta parece más compleja: ¿prohibir o educar para usar? Tal vez esa sea la verdadera discusión.
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