El Aleph y el olvido

José Alberto Machuca-Islas
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SIEMPRE MIRO AL MUNDO como si fuese la última vez, es un calidoscopio de notable belleza. Eso pienso cada vez que releo las blanquecinas hojas perfumadas de la obra maestra de Jorge Luis Borges: el Aleph. Y no puedo dejar de amar a Argentina y al tango. Ni cada vez que escucho el Oblivion de Astor Piazzolla… Es un olvido el mundo. Lo sé, lo pienso cada vez que algún rostro se esfuma de mi memoria. El vio en ella (en Beatriz Viterbo) el significado profundo de la vida. Un rostro que sonríe y se apaga con el tiempo. La piel que se aja y dulcifica. Vio un Universo,… el Universo, −el Aleph−. La letra sagrada que ilumina el alma de los incontables seres que fueron y serán…

Rio de la Plata, “Sur” la emblemática revista que fundo en 1931 Victoria Ocampo. Mil novecientos cuarenta y cinco, la Segunda Guerra Mundial menguaba como una luna que se oculta, Borges, siempre elegante, descifraba su numerología −mientras caminaba, de noche, por las obscuras calles−. Descifraba la Cábala. Sus ancestros galoparon en la pampa uruguaya y argentina blandiendo sus fusiles hasta quedar exangües. La abuela inglesa paterna, Frances Ann Haslam, que vio la luz en la noble Albión… ¡Qué notable es Inglaterra, su lluvia sempiterna y su Masonería! Símbolos y alegorías, los dramas que necesariamente vieron Elias Ashmole, Anderson y Falk Schek. Mira Inglaterra, The British, los hijos de las tribus perdidas de la antigua Sion. Alguna vez serás astuta como el Rey David y sabia como su hijo Salomón. Coronarás reyes sobre la Piedra del Destino y la música de Haendel se escuchará en la Abadía de Westminster, y de ésta a todas las abadías del Reino Unido. Después perecerás y darás paso a un nuevo milagro: el vencimiento de Israel. Dos columnas franquearan tu templo. Veras la luz, “En tu luz veras su luz”. Lej leja, ve hacia ti, busca… El círculo se cerrará y el Universo se diluirá hasta convertirse en polvo y después surgirá otro… Y renacerás con una armadura de hierro y oro. Lucirás lunas y estrellas y recordarás tu muerte mil veces… El Mundo será tuyo: lo poseerás por un tiempo… Eso determina la ley… Obedece.

La calle de Garay en Buenos Aires era un lugar inexorable, ineludible, −en ella se hallaba la casa de Carlos Argentino Daneri, primo hermano de Beatriz−. Se escondía en ella el tesoro más fabuloso que persiguiere el hombre: la clarividencia, el don de percibir el futuro y todos los acontecimientos del mundo. Todos esos veneros serán iluminados solo para tus ojos. Baja y entre el séptimo y el 19vo peldaño lo hallarás…

Hay cosas imposibles en la literatura fantástica de Borges, es una realidad alterna que habita en planos contiguos a la realidad y la conciencia de ella. Nuestra realidad es solo una rama de un árbol gigantesco de posibilidades de la Verdad Última, a la cual no tenemos acceso, sino con la imaginación y el ejercicio literario… Nada escapa a dicha ficción. Ella nos devuelve a lo real y a su asombrosa y sacra existencia.

−“Beatriz soy yo, Soy Borges” Musita, al ver un cuadro colgado de ella…

Así yo miro al Universo y miro mis ojos. Me lleno de vergüenza por mis errores cometidos, por la avaricia de seguir lo profano, de servir a la parte la obscura de mí ser. Miro el Aleph y el mundo lo contengo en una esfera −mi frágil consciencia−. A veces me preguntan si se develan secretos en el Taller, y miro en silencio dentro de mí. Mi esperanza crece como un huerto de exquisitos frutos. Es la sexta vez que mis manos tocan este texto desde que tengo memoria. Y sigo aprendiendo que el mundo es número y quimera y que las Sagradas Escrituras donde aprendo no tienen fin… Todo es arquetipo y forma.

−Borges: «Vi el Aleph desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible Universo”.

Todos los hombres y mujeres, la Humanidad entera y la tierra, y los cantos de todas las aves y animales alaban de alguna forma ese símbolo mágico y místico (“Alabadle por sus portentos, alabadle conforme a su inmensa grandeza…» / Tehilim 150). El Aleph, la primera letra de la lengua sacra de nuestro patriarca Abraham, el EIN SOF del que nadie sabe ni comprende… Solo su símbolo místico nos pertenece de día y noche.

Escucha el Oblivion de Piazzolla. Ama a rabiar la vida y sé agradecido…siempre.

José Alberto Machuca-Islas
Literatura y Análisis

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