Columna de opinión
IMSS: problemas estructurales, no una crisis institucional
Héctor O. CarriedoEl Instituto enfrenta rezagos en la atención médica que exigen soluciones urgentes, pero conserva capacidades operativas y financieras para corregirlos. El desafío es transformar sus servicios sin confundir las deficiencias estructurales con un colapso institucional.
Calificar la situación del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) como una crisis puede resultar políticamente atractivo para los actores de oposición al gobierno, pero no necesariamente constituye el diagnóstico más preciso. El Instituto enfrenta problemas evidentes: saturación de consultorios, tiempos de espera prolongados, dificultades de acceso a medicamentos, insuficiencia de especialistas en determinadas regiones, deficiencias y diferencias en la calidad de la atención. Sin embargo, estas anomalías no demuestran, por sí mismas, un colapso institucional.
La tesis central es que el IMSS enfrenta una brecha estructural entre la creciente demanda de servicios médicos y su capacidad para atenderla oportunamente, pero conserva fortalezas operativas, financieras y humanas que permiten impulsar soluciones.
Problemas estructurales, soluciones concretas
El crecimiento de la población derechohabiente, el envejecimiento demográfico y las enfermedades crónicas incrementan la demanda de consultas, medicamentos, estudios diagnósticos y hospitalizaciones. A ello se suman la distribución desigual del personal, las limitaciones de infraestructura y las deficiencias de organización.
El problema no consiste exclusivamente en la falta de recursos, sino también en cómo se distribuyen y utilizan. Una unidad puede disponer de equipamiento y, aun así, enfrentar retrasos por falta de especialistas, mantenimiento insuficiente o programación ineficiente.
Por ello, incrementar el número de consultas y cirugías constituye un avance, pero no garantiza mejores resultados clínicos. La verdadera medida del desempeño institucional debe incluir tiempos de espera, continuidad de los tratamientos, disponibilidad de medicamentos y resolución efectiva de los problemas de salud.
¿Por qué no necesariamente es una crisis?
El IMSS mantiene una extensa red médica, una capacidad recaudatoria considerable y millones de atenciones anuales. Además, ha incrementado su actividad quirúrgica y consultas de especialidad, demostrando que conserva capacidad de respuesta.
Estos avances no eliminan los rezagos ni garantizan una calidad homogénea. Sin embargo, indican que la institución continúa funcionando y dispone de herramientas para mejorar.
Hablar de crisis generalizada exigiría demostrar un deterioro sistémico que comprometa seriamente sus funciones esenciales. Los problemas de acceso y calidad no deben minimizarse, pero deben distinguirse de una situación de colapso financiero u operativo.
Reconocer las deficiencias sin exagerar el diagnóstico permite identificar soluciones y establecer responsabilidades concretas.
Medidas inmediatas y reformas de mediano plazo
A corto plazo, el IMSS debe implementar un programa focalizado para reducir listas de espera, ampliar horarios donde exista capacidad disponible y reorganizar las agendas médicas. También necesita identificar los déficits de personal por especialidad y región, mejorar el control de inventarios y garantizar el surtimiento de medicamentos.
La publicación sistemática, conforme a principios de transparencia proactiva, de indicadores sobre tiempos de espera, recetas surtidas, cancelaciones quirúrgicas y quejas permitiría legitimar y evaluar avances, conseguir la participación y colaboración de la población derechohabiente en las soluciones a los problemas y exigir resultados verificables.
A mediano plazo (2-3 años), resulta indispensable fortalecer la medicina familiar y la prevención para reducir complicaciones evitables; planear la infraestructura según las necesidades territoriales; ampliar la formación y distribución de especialistas, y consolidar un expediente clínico interoperable que facilite la continuidad de la atención.
En materia financiera, combatir la evasión de cuotas, corregir el subregistro salarial y fortalecer la formalización laboral contribuiría a proteger los ingresos. Paralelamente, deben evaluarse las obligaciones pensionarias mediante proyecciones actuariales transparentes, sin comprometer los recursos necesarios para prestar servicios médicos.
Conclusión
El IMSS no debe evaluarse desde el triunfalismo ni desde el alarmismo, sino desde la evidencia. Sus problemas son reales, persistentes y algunos requieren atención urgente; sin embargo, sus capacidades operativas permiten sostener que existen condiciones para corregirlos.
La prioridad es convertir los recursos disponibles en atención oportuna, equitativa y eficaz, mediante una gestión transparente y objetivos claros y medibles.
El reto del IMSS no es demostrar que carece de problemas, sino resolverlos antes de que se profundicen. Su fortaleza institucional dependerá de reconocer las fallas, corregir sus causas y garantizar que los derechohabientes reciban servicios médicos dignos y de calidad.
Héctor O. Carriedo Sáenz
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