La política tiene límites. La propaganda también debería tenerlos. Sin embargo, la reciente página publicada por la Casa Blanca para comparar a los migrantes con “alienígenas” demuestra que la administración de Donald Trump está dispuesta a cruzar una vez más una línea que ningún gobierno serio debería siquiera considerar.
No es la primera vez que el gobierno de Estados Unidos aborda temas delicados e importantes utilizando un tono de burla. A lo largo de los últimos años hemos visto cómo el fenómeno migratorio, uno de los asuntos humanos más complejos del continente, ha sido reducido a consignas simplistas, frases provocadoras y campañas diseñadas más para generar titulares que para resolver problemas reales.
La nueva plataforma oficial de la Casa Blanca representa un paso más en esa dirección. Utilizar un juego de palabras entre “alien”, término que en inglés puede referirse tanto a un extranjero como a un extraterrestre, no es una estrategia ingeniosa. Es una forma de deshumanizar a millones de personas mediante la ridiculización. Más preocupante aún es que no se trata de una publicación anónima en redes sociales o de un mensaje partidista difundido por simpatizantes. Se trata de un canal oficial del gobierno de Estados Unidos.
Resulta vergonzoso que una administración utilice recursos institucionales para burlarse de seres humanos. Detrás de cada migrante existe una historia, una familia, una necesidad económica o una búsqueda de oportunidades. Se puede estar a favor o en contra de determinadas políticas migratorias. Se puede discutir sobre controles fronterizos, deportaciones o procesos de regularización. Lo que no debería ser aceptable es convertir a las personas en el blanco de una campaña de ridiculización promovida desde el propio gobierno.
La página intenta presentar las redadas migratorias como si fueran una especie de operación de ciencia ficción. Habla de “abducciones”, invita a reportar “aliens sospechosos” y construye toda una narrativa basada en referencias extraterrestres. Mientras tanto, millones de migrantes continúan desempeñando trabajos esenciales para la economía estadounidense.
Porque ahí está la gran contradicción que la propaganda oficial intenta ocultar. Estados Unidos sabe perfectamente que su economía no puede funcionar sin la mano de obra migrante. Sectores enteros dependen de trabajadores extranjeros para mantener su productividad. Agricultura, construcción, servicios, manufactura y numerosas actividades económicas se sostienen gracias al trabajo de personas que llegan desde distintos países buscando oportunidades.
Por eso resulta deprimente observar cómo continúa esta campaña contra los migrantes. Una campaña que parece diseñada para generar impacto mediático más que resultados concretos. Los discursos pueden endurecerse, los mensajes pueden volverse más agresivos y las páginas web pueden intentar ridiculizar a quienes llegan al país, pero la realidad económica sigue siendo la misma: Estados Unidos necesita a los migrantes mucho más de lo que algunos políticos están dispuestos a reconocer públicamente.
Además, el tema migratorio se ha convertido en un problema político para la propia administración Trump. Las redadas que durante meses fueron presentadas como símbolo de fortaleza comenzaron a generar costos políticos significativos. Particularmente después de que dos ciudadanos estadounidenses murieran en medio de estos operativos, un hecho que cambió parte de la conversación pública y obligó a la Casa Blanca a enfrentar cuestionamientos sobre las consecuencias de sus políticas.
En ese contexto, los golpes mediáticos parecen convertirse en una herramienta de supervivencia política. Cuando los resultados generan controversias, la atención se desplaza hacia campañas de comunicación cada vez más llamativas. La creación de una página que compara migrantes con extraterrestres parece responder más a una estrategia de posicionamiento político que a una política pública seria.
El calendario tampoco juega a favor de los republicanos. Las elecciones intermedias comienzan a aparecer en el horizonte político y existe la posibilidad de que el Partido Republicano enfrente dificultades para conservar el control de las cámaras legislativas. En ese escenario, la migración vuelve a utilizarse como un tema de movilización electoral.
Sin embargo, convertir un asunto humano en un espectáculo propagandístico no resuelve ninguno de los desafíos de fondo. No mejora la seguridad fronteriza. No corrige los problemas del sistema migratorio. No ofrece soluciones económicas. Mucho menos construye consensos.
Lo único que consigue es degradar el debate público y normalizar que desde las instituciones se utilice la burla como herramienta política. Cuando un gobierno deja de hablar de personas para hablar de caricaturas, deja también de buscar soluciones reales. Y eso, más allá de cualquier posición ideológica, debería preocupar a cualquiera que valore la responsabilidad que implica gobernar.
