Columna de opinión
Bety ganó… ¿pero Félix todavía espera?
Alejandro LotzinMorena ya puso una carta sobre la mesa en Guerrero. Beatriz Mojica fue anunciada como coordinadora de la Defensa de la Transformación y, salvo que ocurra algo extraordinario en los próximos meses, el mensaje político parece bastante claro: hoy es quien encabeza la ruta del partido hacia la gubernatura en 2027. Sin embargo, en la política guerrerense pocas cosas terminan cuando parecen haber terminado y, apenas conocida la decisión, surgió una pregunta inevitable: Bety ganó esta etapa, pero ¿Félix Salgado Macedonio ya se considera fuera de la siguiente?
La pregunta tiene sentido porque Mojica no llega a este momento como una improvisada ni como una aspirante que apareció de repente. Es su tercer intento por llegar a Casa Guerrero una aspiración que ha atravesado partidos, coyunturas y generaciones políticas. En 2015 compitió por la gubernatura bajo las siglas del PRD y perdió frente a Héctor Astudillo; seis años después volvió a buscar la candidatura, ya dentro de Morena, en el proceso que finalmente terminó llevando a Evelyn Salgado al gobierno. Hoy, más de una década después de aquella primera candidatura, Bety vuelve a encontrarse frente a la posibilidad real de gobernar Guerrero, sólo que esta vez lo hace desde el partido dominante y con una definición interna que la coloca varios pasos adelante.
Eso hace que su tercera oportunidad sea también la más importante de su carrera. Mojica tiene experiencia, conocimiento territorial, relaciones políticas y una trayectoria suficientemente larga para conocer prácticamente todos los rincones del poder guerrerense, pero también carga con un pasado que sus adversarios seguramente utilizarán. Su paso por el PRD, sus alianzas de otras épocas y antiguas posiciones críticas hacia Andrés Manuel López Obrador formarán parte del expediente de contraste. La experiencia puede ser una fortaleza cuando significa oficio, pero también puede convertirse en vulnerabilidad cuando permite a los adversarios reconstruir demasiadas versiones de un mismo personaje.
Sin embargo, el problema inmediato de Bety no está en la oposición. Está dentro de Morena. Una encuesta puede ordenar una candidatura, pero difícilmente ordena por sí sola los intereses, agravios y aspiraciones acumulados durante meses. Algunos de los participantes han reconocido la definición, mientras otros han expresado inconformidades y dudas sobre el proceso. Morena ya tiene coordinadora en Guerrero, pero todavía tendrá que demostrar que tiene un proyecto verdaderamente unido alrededor de ella.
En medio de esas reacciones hubo, además, dos que llamaron la atención precisamente porque no llegaron: el silencio de Félix Salgado Macedonio y el de la gobernadora Evelyn Salgado. En política no todos los silencios significan ruptura, y sería apresurado interpretarlos automáticamente como un desafío a la decisión de Morena, pero tampoco pueden pasar inadvertidos. Cuando se produce una definición de esta magnitud y dos de los personajes con mayor peso político del movimiento en Guerrero no fijan inmediatamente una posición pública, el silencio deja de ser solamente ausencia de palabras y se convierte, inevitablemente, en materia de interpretación.
El caso de Evelyn merece una lectura especialmente cuidadosa. Como gobernadora tiene razones institucionales para mantener distancia de un proceso partidista y evitar cualquier señal que pueda interpretarse como intervención en la sucesión. Pero Evelyn no solamente ocupa el Ejecutivo estatal: es también la figura política que encabeza el gobierno emanado de Morena en Guerrero, por lo que tarde o temprano su relación con quien pretende sucederla será una pieza importante en la construcción de unidad. Su silencio puede responder simplemente a prudencia institucional, pero en el contexto de una interna tan competida adquiere inevitablemente una dimensión política.
Con Félix ocurre algo distinto. Su silencio pesa porque antes de conocerse el resultado había hablado. Había insistido en que todavía faltaba tiempo para las candidaturas y que las definiciones llegarían hacia finales de 2026 o incluso alrededor de enero de 2027. En aquel momento podía entenderse como respeto a los tiempos partidistas; después del anuncio de Mojica, aquellas palabras inevitablemente se leen de otra manera. Lo interesante no es solamente que Félix guarde silencio ahora, sino recordar lo que dijo antes de guardar silencio.
¿Hablaba únicamente del calendario formal o estaba enviando un mensaje político? ¿Realmente considera que la decisión está tomada o piensa que todavía pueden ocurrir cosas antes de enero? Nadie debería afirmar, sin pruebas, que existe una estrategia para revertir la definición, pero tampoco sería serio ignorar que Félix conoce perfectamente cómo funciona Morena, entiende sus tiempos internos y sabe que una cosa es ser coordinadora y otra, jurídicamente distinta, convertirse en candidata registrada. ¿Conserva alguna esperanza o simplemente sabe algo que los demás todavía no sabemos?
Félix, además, no es cualquier aspirante. Es senador, excandidato a la gubernatura y uno de los políticos con mayor reconocimiento y capacidad de movilización en Guerrero. En 2021 aprendió mejor que nadie que en política una candidatura aparentemente encaminada puede cambiar en cuestión de semanas. Había ganado la interna, fue designado candidato y terminó fuera de la boleta después de que las autoridades electorales le retiraron el registro; entonces apareció Evelyn Salgado y Morena conservó la gubernatura. Si alguien sabe que en política nada está completamente escrito hasta el último momento, ése es Félix Salgado.
Por eso resulta interesante observar qué hará ahora. Puede cerrar filas con Bety, movilizar a su estructura y convertirse en uno de los principales factores de unidad de Morena rumbo a 2027. También puede respaldarla formalmente mientras conserva distancia política y deja que el tiempo acomode las piezas. O puede simplemente esperar, no necesariamente porque tenga preparada una rebelión, sino porque enero todavía está lejos y Félix ya vivió en carne propia cómo unos cuantos meses pueden cambiar completamente una candidatura.
Ese es quizá el verdadero reto para Mojica. No necesita derrotar políticamente a Félix ni demostrar que existe un nuevo grupo dominante en Guerrero; hacerlo sería probablemente un error. Necesita conseguir algo mucho más difícil: sumar su fuerza sin quedar subordinada a ella, incorporar al salgado-macedonismo sin convertirse en su continuidad y construir un liderazgo propio sin provocar una fractura que termine beneficiando a la oposición. Para ganar Guerrero, Bety necesita que Félix no solamente acepte el resultado, sino que una parte importante de la estructura que reconoce su liderazgo también lo haga.
La unidad tampoco puede reducirse a una fotografía donde todos levanten la mano de la coordinadora. Morena conoce demasiado bien esas imágenes. La verdadera unidad se medirá en territorio, en las estructuras municipales, en los operadores que salgan a caminar, en los alcaldes que movilicen, en los liderazgos regionales que acepten acuerdos y, sobre todo, en quienes perdieron la interna y decidan si realmente trabajan para que gane quien los derrotó. Las fracturas políticas rara vez comienzan con una renuncia; normalmente empiezan con silencios, ausencias y estructuras que simplemente dejan de moverse.
Bety Mojica tiene frente a sí una oportunidad enorme y un riesgo del mismo tamaño. Su tercer intento por llegar a Casa Guerrero puede finalmente ser el definitivo, pero para conseguirlo deberá demostrar que aprendió de los dos anteriores. Ya no basta con tener aspiración, conocimiento o una encuesta favorable. Ahora necesita convertirse en el punto de encuentro de un Morena guerrerense donde conviven proyectos, generaciones, intereses y liderazgos que durante meses compitieron por exactamente lo mismo que ella acaba de conseguir.
Morena hizo su movimiento y puso a Beatriz Mojica al frente. La encuesta puede haber cerrado una etapa, pero todavía no sabemos si cerró la sucesión. Faltan meses, faltan candidaturas formales, faltan acuerdos y, sobre todo, falta conocer con claridad qué papel decidirán jugar Félix Salgado y la estructura política que durante estos años ha acompañado al actual gobierno.
Porque después del anuncio quizá la pregunta más interesante ya no sea por qué ganó Bety. La pregunta es qué viene después. Si Bety ya ganó, ¿por qué Félix insistía en que esto se definiría hasta enero? ¿Por qué él y Evelyn eligieron el silencio cuando otros comenzaron a fijar posiciones? ¿Es solamente prudencia y respeto por los tiempos o, como tantas veces ocurre en Guerrero, todavía falta una parte de la historia por escribirse?
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