Yihadistas cercan al gobierno sirio

Filiberto Cruz Monroy
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Este viernes, las fuerzas yihadistas y sus milicias aliadas lograron entrar en Alepo, la segunda ciudad más grande de Siria, tras una rápida ofensiva que sorprendió a las fuerzas del régimen de Bashar al Asad, apoyadas por Irán y Rusia. Además de tomar Alepo, las fuerzas opositoras capturaron la estratégica ciudad de Saraqib, en el noroeste del país, un punto clave en la provincia de Idlib que bloquea el avance del régimen hacia la región de Alepo, según reportes del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).

La captura de Saraqib es un golpe significativo para las fuerzas del régimen, ya que esta ciudad, ubicada en la provincia de Idlib, es crucial para frenar el avance de las tropas leales a Asad hacia Alepo. Esta victoria en el terreno refuerza la posición de los yihadistas y sus aliados en el noroeste de Siria, una región que se ha convertido en uno de los últimos bastiones de la oposición armada desde el inicio de la guerra civil en 2011. Según el OSDH, la ofensiva ha desencadenado los combates más intensos en la región desde 2020, con un balance provisional de 277 muertos hasta el momento.

La intensificación de los combates ha desbordado a los residentes de Alepo y otras ciudades cercanas. Según testigos, como Sarmad, un habitante de Alepo, el ruido de cohetes y artillería ha vuelto a ser constante, lo que recuerda los peores momentos de la guerra. «Tenemos miedo de que se repita el escenario de la guerra y que nos veamos obligados a huir», comentó Sarmad, quien vive con la incertidumbre de un posible desplazamiento forzado. Esta situación ha aumentado el sufrimiento humanitario, con decenas de miles de personas desplazadas a medida que los combates se intensifican.

A pesar del apoyo aéreo de Rusia, que ha sido un factor decisivo en la recuperación de territorios por parte del régimen de Asad, las fuerzas leales parecen estar perdiendo terreno frente a los ataques coordinados de los grupos yihadistas y sus aliados. Este revés en el campo de batalla ha llevado a analistas a cuestionar la eficacia de la estrategia del régimen, especialmente al considerar la implicación de Hezbolá, el grupo islamista respaldado por Irán, que actualmente enfrenta un conflicto en el Líbano con Israel. «Es extraño ver a las fuerzas del régimen recibir tales golpes a pesar del apoyo aéreo ruso», dijo Rami Abdel Rahman, director del OSDH, sugiriendo que las dificultades de Hezbolá en Líbano podrían estar afectando la capacidad del régimen para resistir en Siria.

El HTS (Hay’at Tahrir al-Sham), antiguo brazo de Al Qaeda en Siria, juega un papel central en este nuevo avance. El grupo controla gran parte de la región de Idlib, así como áreas vecinas en las provincias de Alepo, Hama y Latakia, consolidándose como uno de los actores más influyentes en el noroeste del país. El jefe del autoproclamado «gobierno» de Idlib, Mohamad al Bashir, justificó la ofensiva al señalar que el régimen de Asad había comenzado a bombardear zonas civiles, lo que ha provocado un éxodo masivo de refugiados. La justificación del grupo resalta la continua tragedia humanitaria que acompaña a la guerra en Siria, mientras las tensiones se disparan.

Con la caída de Saraqib y el avance hacia Alepo, el conflicto en Siria parece estar entrando en una nueva fase, marcada por el resurgimiento de los enfrentamientos más intensos desde hace varios años. La situación es volátil, y la comunidad internacional sigue de cerca los desarrollos, ya que el futuro de Siria sigue siendo incierto. Con actores externos como Irán, Rusia, y grupos como Hezbolá involucrados en el conflicto, la región del noroeste de Siria continúa siendo un punto crítico en la guerra civil que ha devastado el país.

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