Una mirada diferente…

Cristian Trejo
337 vistas

Desde hace algunos días me encuentro haciendo un pequeño ejercicio de observación tratando de entender una realidad cada vez más distópica que mi atrofiado entendimiento no logra comprender, pero debo de reconocer que me divierte mucho; y es derivado de aquellos que hacen un posicionamiento en donde tratan de sublevar a la filosofía como un acto contra la esencia y naturaleza de las cosas, puesto que es el origen y de aquí parte todo; entiendo perfectamente, no interferir en la creencia de cada quien.

Pero aquí es donde parece estar el punto, la doctrina bajo la que está expuesto en este mundo y la dualidad que porta hacia el sujeto que no lo está viviendo, parece ser cada vez más abrumador, ya que da señales de estar bajo la disposición de uno o más que saben hacia donde va o codirige la ruta por donde van a transitar algunas acciones en la vida, la preposición de uno u otro lado, da a entender que el desubicado es uno, pero si te tratas de sobreponer ante esta dualidad y ubicarte en el vértice del compás siendo el espectador de esta realidad, que tú de alguna manera entiendes de una concepción diferente, te tratan como un extraño y la primer señal va a ser la disgregación por ser diferente, suele ser la pieza que no encaja en el rompecabezas.

Alguna ocasión dentro de las lecturas que he realizado, recuerdo sobre algún texto de filosofía hermética (Corpus Hermeticum), donde ofrece una serie de principios para trascender las limitaciones de la realidad ordinaria y con ello alcanzar la comprensión cósmica; el iniciado en los antiguos misterios al haber pasado por vivencias de este proceso, como base para la preparación de llevar una experiencia de transmutar todo aquello que existe en el mundo vulgar, es decir, abstraerse de la seudo realidad que se vive para poder apreciar una perspectiva más amplia algún contexto en desarrollo, y no solo sublevarlo a una parte donde solo se puede apreciar que existe un sesgo cognitivo. 

Y es aquí donde llegamos al punto de tener un fortalecimiento mental para navegar en aguas profundas, aún cuando uno se encuentre flotando, para decirlo de alguna manera en un lenguaje más especifico: portar el temple nos va dirigiendo a experiencias, donde cada vez se nos pone a prueba, tanto la prudencia como el argumento; donde se puede ver que existe un profundo desgaste del engrane que no embona al grado de ver que no opera la filosofía práctica, y no solo me refiero a la aplicación que dicta el estudio de la acción con sus objetivos y efectos, es decir, sus diversos contextos, independientemente guarda algo que no debe perderse y es el cuestionar, reflexionar y repensar, agradezco infinitamente estas experiencias, me dan señal de que estoy vivo. Seguimos atendiendo el principio: “Todo es Uno y el Uno es todo”….

Pero, ¿Hacia dónde enfocamos lo anterior?, una de las posibilidades es el fortalecimiento del interior, así como las capas que lo acompañan, cuidar lo que se consume y no me refiero propiamente a los alimentos, sino a lo que se lee y no menciono solo a los libros, sino a hacer una lectura estética de la realidad con todos sus actores y escenarios, con el objeto de enfocarnos en el vértice de entender la realidad cada vez más compleja y abstraernos y agradecer que somos relativamente diferentes.   

También te puede interesar