La noche del domingo, la comunidad de San José de Mendoza, en Salamanca, se convirtió en el epicentro de una tragedia: siete personas asesinadas y cuatro heridas tras un ataque armado en una cancha de usos múltiples. Testigos relataron que dos hombres descendieron de una camioneta y abrieron fuego contra un grupo reunido en el lugar.
En el sitio se hallaron 50 casquillos de «Cuerno de Chivo» (fusil AK-47), evidenciando el uso de armas de alto poder. Los agresores huyeron hacia la carretera, evadiendo captura. Once víctimas quedaron en el suelo: cuatro murieron al instante, tres fallecieron tras ser trasladadas a hospitales y siete sobrevivieron con lesiones.
Aunque autoridades como la Guardia Nacional y la Fiscalía acudieron al lugar, los residentes criticaron la lentitud de la respuesta. El acceso a la comunidad fue bloqueado después del ataque, generando frustración entre quienes intentaban ayudar.
Con 28 muertes dolosas en marzo y cifras que duplican las de 2024, Salamanca enfrenta una crisis sin precedentes. Expertos advierten que, de no implementarse estrategias integrales, 2025 podría superar los récords de violencia de la última década. La combinación de armas de guerra, impunidad y disputas territoriales sugiere que lo ocurrido en San José de Mendoza podría ser solo el prólogo de una ola aún más letal.
Prospectiva
La escalada de violencia en Salamanca refleja un patrón alarmante: marzo de 2025 ya registra el doble de homicidios que el mismo mes de 2024. Analistas prevén que, sin intervenciones urgentes en inteligencia y control de armas, la región podría enfrentar un aumento del 40% en crímenes violentos este año. La militarización de grupos delictivos y la fragmentación de cárteles locales agudizan el riesgo, convirtiendo comunidades como San José de Mendoza en símbolos de una guerra invisible que amenaza con expandirse.
