Este domingo, las calles de Damasco y Estambul fueron escenario de intensas celebraciones, tras la inesperada huida del presidente sirio Bashar al Asad de la capital siria. En la ciudad de Estambul, donde reside una gran diáspora siria de aproximadamente medio millón de personas, los sirios se reunieron frente a la gran mezquita del barrio de Fatih, desafiando la fuerte lluvia, para celebrar lo que muchos consideran el fin del régimen de al Asad. En Damasco, la noticia de la fuga del presidente desencadenó una serie de celebraciones en la Plaza de los Omeyas, donde los residentes derribaron la estatua de Hafez al Asad, el padre de Bashar, y la pisotearon mientras los combatientes rebeldes daban disparos al aire.
La huida de Bashar al Asad, quien había gobernado Siria durante más de medio siglo, representa un giro dramático en la guerra civil siria, que ha devastado al país durante más de 13 años. En Estambul, Sawan Al Ahmad, una mujer que escapó de Siria tras vivir el asedio de Homs en 2011, expresó su alegría al imaginar un futuro en el que su hijo pueda volver a su tierra natal. «Es increíble, tenemos la sensación de renacer», comentó mientras sostenía la mano de su hijo. Para muchos en la diáspora siria, esta huida de Bashar al Asad simboliza la posibilidad de un futuro sin miedo y de reconstruir Siria.
En las calles de Damasco, la emoción era palpable, y los habitantes celebraron el colapso del régimen. «Siria es nuestra, no de la familia Asad», vociferaron algunos manifestantes, mientras los miembros de grupos rebeldes patrullaban las calles. En varias zonas de la ciudad, como el pintoresco viejo Damasco, se escuchaban cánticos de unidad, en un claro intento de tranquilizar a las diversas minorías religiosas del país. En el barrio de Shaghur, mujeres lanzaban arroz y gritos de júbilo mientras los rebeldes avanzaban, celebrando lo que muchos consideran el fin de un régimen dictatorial.
Sin embargo, la transición no está exenta de incertidumbres. Ilham Basatina, una mujer de unos 50 años, declaró a AFP: «Nuestra alegría es inmensa pero no será completa hasta que el criminal sea juzgado». A pesar de la celebración, muchos sirios, tanto dentro como fuera del país, coinciden en que Bashar al Asad debe ser llevado ante la justicia. Mohamed Cuma, un estudiante de ingeniería civil residente en Estambul, expresó su indiferencia sobre el destino del presidente, afirmando que Al Asad debería huir a un país como Rusia o Venezuela, y que su futuro ya no tiene importancia, ya que su régimen está terminado.
La huida de Bashar al Asad es un evento histórico en el contexto de la guerra civil siria, pero también es un recordatorio de los años de sufrimiento que el pueblo sirio ha padecido. Según testimonios de soldados que desertaron y ciudadanos que vivieron en la capital durante los últimos días del régimen, las explosiones que sacudieron Damasco antes del amanecer indicaron el colapso inminente del régimen.
