Sheinbaum, primera mujer presidenta en dar el Grito de Independencia

Jair Figueroa
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Un hecho histórico en Palacio Nacional

La noche del 15 de septiembre de 2025, Claudia Sheinbaum Pardo hizo historia al convertirse en la primera mujer presidenta de México en encabezar el Grito de Independencia, tradición que cumple 215 años. Ante casi 280 mil personas en el Zócalo capitalino, Sheinbaum lanzó 22 arengas en las que destacó a las heroínas y héroes de la patria, la defensa de la soberanía y el papel de la mujer mexicana.

La ceremonia comenzó a las 22:50 horas, cuando Sheinbaum, portando la banda presidencial, recorrió los pasillos de Palacio Nacional para ser abanderada por la escolta del Heroico Colegio Militar, integrada por primera vez únicamente por mujeres.


Las arengas que marcaron un momento histórico

El discurso incluyó las frases tradicionales como “¡Viva Hidalgo!”, “¡Viva Morelos!” y “¡Viva la Independencia!”, pero también agregó un énfasis en las mujeres que construyeron la nación: Leona Vicario, Josefa Ortiz, Gertrudis Bocanegra y las heroínas anónimas.

Sheinbaum gritó con fuerza:

  • “¡Vivan las mujeres indígenas!”
  • “¡Vivan nuestras hermanas y hermanos migrantes!”
  • “¡Viva la dignidad del pueblo de México!”
  • “¡Viva México libre, independiente y soberano!”

Con estas arengas, la presidenta buscó reforzar un mensaje de inclusión, igualdad y justicia social, proyectando también la idea de unidad nacional.


Guardia de honor y símbolos

Antes de salir al balcón, Sheinbaum realizó una guardia de honor en la Galería de los Presidentes de Palacio Nacional, acompañada de su esposo Jesús María Tarriba. Ambos se detuvieron frente al retrato de Leona Vicario, recientemente incorporado a la galería principal.

Se trata de un óleo del siglo XIX perteneciente al acervo del Museo Nacional de Historia, que marca la primera ocasión en que una mujer forma parte de esta exhibición oficial. Con este gesto, Sheinbaum dio continuidad a la tradición iniciada por López Obrador de rendir homenaje a los héroes de la patria.


Invitados y ambiente en el Zócalo

Entre los invitados estuvieron la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, el titular de la Sedena, Ricardo Trevilla Trejo, y el secretario de Marina, Raymundo Pedro Morales. También asistieron la jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, Marcelo Ebrard y Juan Ramón de la Fuente.

A pesar de la lluvia, miles de personas acudieron desde temprano para asegurar un lugar. Hubo visitantes de diferentes estados, migrantes desde Estados Unidos y familias enteras que viajaron exclusivamente para presenciar este hecho inédito.

Carlos Durán, originario de Michoacán y residente en Chicago, relató que planeó su viaje con meses de anticipación: “Es algo muy especial, nunca había estado en un Grito y ahora lo vivo con la primera presidenta de México”.


Música, fiesta y símbolos populares

El ambiente de fiesta se reforzó con presentaciones musicales. El espectáculo Legado de grandeza abrió la noche con un repaso audiovisual de la historia de México. Posteriormente, La Arrolladora Banda El Limón llenó de música popular la plancha del Zócalo, acompañada por la cantante Alejandra Ávalos.

Entre los asistentes destacó también la presencia de “Lupe”, una borrega adornada con listones tricolores que se volvió centro de atención y de fotografías, mostrando el carácter festivo y popular del evento.


Una ceremonia con carga política

Más allá de lo festivo, la ceremonia fue vista como la primera gran prueba de comunicación política para Sheinbaum tras poco más de 100 días en el cargo. La presidenta utilizó el Grito para enviar mensajes de soberanía, igualdad y defensa de los derechos de las mujeres, en un país donde la figura femenina al frente del Ejecutivo todavía es un hecho reciente.

La escena de Sheinbaum en el balcón presidencial, acompañada de fuegos artificiales y de un Zócalo lleno de voces que respondieron a su llamado, simbolizó un nuevo capítulo en la historia política y social de México.


Significado histórico

El primer Grito encabezado por una mujer presidenta quedará registrado como un momento simbólico: el cruce entre la tradición más representativa del país y un paso hacia la equidad de género en la vida política.

Para los asistentes y millones que lo siguieron por televisión, la noche del 15 de septiembre fue más que una celebración patriótica: fue el reflejo de los cambios que vive México.


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