Cuántas veces te ha pasado por la cabeza las diversas conjeturas que invaden al pensamiento y que no tiene una respuesta oportuna a esas interrogantes, que se quedan tatuadas con el afán de entender lo que se esta llevando a cabo.
Y para ese momento, invito a hacer la siguiente reflexión, donde el imaginar juega un factor importante. Hay que situarnos en un salón donde los espejos adornan las paredes, y en cada espejo se refleja la figura de una persona que pasa frente a él, los espejos no son perfectos cada uno tiene una característica que lo hace diferente, unos se encuentran rotos, otros están agrietados, unos más distorsionados y algunos muestran una imagen fragmentada.
La persona que se mira a través de estos espejos, ve una versión de sí misma, existe una variación significativa: algunos se ven más grandes, otros más pequeños, algunos claros y completos y otros más con figuras amorfas. De primer momento, cada persona que se observa en su refejo la verdadera representación de si misma, lo que observa cree que es verdad, porque es lo que tiene más cercano a la vista. Pero a medida que las personas se van acercando y ve unas a otras, empiezan a notar que sus refejos no coinciden, que cada imagen es diferente una de otra y no es igual a la de los demás, nota la diferencia.
Dentro de este salón, nos podemos percatar que los espejos son la métafora de las ideas y percepciones que cada individuo posee sobre sí mismo y sobre los demás. La incongruencia es el reflejo que representa cómo cada persona tiene una visión fragmentada o distorsionada de su propia identidad cargada por una estructura propia de experiencias, creencias y emociones, pero también cómo estas percepciones chocan con los otros.
Desde una perspectiva donde lo anterior debe salir a flote y debemos tener una concepción más profunda, el salón donde se encuentran los espejos puede tener una interpretación simbólica de la condición humana y de aquello que nos hace humanos, en la lucha por comprender la realidad y especialmente en crear una identidad y el cómo se interacciona y correlaciona con los otros; se puede decir, que la incongruencia surge en la percepción de los individuos como reflejo, en la alienación que experimienta en una sociedad donde cada uno está contruyendo su propia realidad subjetiva, la mayoría de la veces ignorando o con una comprención sesgada de la realidad de los demás.
Para algunos aceptar el reflejo roto, puede ser el principio para el trabajo de uno mismo, darse cuenta que todos los espejos son imperfectos, es percatarse que el camino es escabroso y sera fácil transitar en él, mientras que para otros la lucha por encontrar la imagen “perfecta” (que nunca va a existir), viaja en la ignominia de sus actos.
Una de las enseñanzas se encuentra bajo la interpretación en la búsqueda de la verdad y la identidad que está marcada por la incertidumbre, y que la armonía entre las personas solo se logra cuando se reconoce la naturaleza fragmentada y subjetiva de la existencia humana.
Por lo tanto, el salón de espejos no es más que un reflejo de la naturaleza misma del ser humano; un Ser que constantemente se encuentra en las distorsiones de la realidad, pero que solo a través del reconocimiento da pauta a un entendimiento y aceptación mutua puede comenzar a encontrar la coherencia en la incongruenia.
