En una reunión que se extendió cuatro veces más de lo planeado, la secretaria de Seguridad Interna de EU, Kristi Noem, entregó a la presidenta Claudia Sheinbaum una lista concreta de exigencias de seguridad que podrían definir el futuro comercial entre ambos países. El mensaje es claro: Donald Trump quiere acciones, no palabras, y está dispuesto a usar los aranceles como palanca para conseguirlo.
Entre las principales demandas presentadas en Palacio Nacional destacan:
* Mayor control en la frontera sur de México con Guatemala
* Escaneo del 100% de la carga aérea que ingresa a EU
* Compartir datos biométricos de migrantes y viajeros
* Intensificar la cooperación contra cárteles de drogas
Noem reveló que Sheinbaum mostró disposición a discutir estos puntos, aunque advirtió que el intercambio de datos biométricos podría ser polémico en México. La funcionaria estadounidense calificó el diálogo como «excepcional», destacando que la reunión programada para 30 minutos se extendió a 2 horas, con participación clave del canciller Juan Ramón de la Fuente y otros miembros del gabinete de seguridad mexicano.
El contexto es urgente: México ya enfrenta aranceles del 25% en más de la mitad de sus exportaciones a EU, incluyendo acero y aluminio. Esta semana podrían sumarse nuevos «aranceles recíprocos» y medidas específicas contra la industria automotriz, que representa el 30% de las exportaciones manufactureras mexicanas.
Como siguiente paso, el secretario de Seguridad Omar García Harfuch viajará a Washington para reunirse con funcionarios del gobierno de Trump, incluyendo al equipo de Noem. Estas negociaciones podrían definir si México implementa las medidas exigidas o se enfrenta a sanciones comerciales históricas.
Prospectiva
Este pulso bilateral marca el primer gran desafío en seguridad para el gobierno de Sheinbaum. Si acepta las condiciones de EU, podría enfrentar críticas por ceder soberanía; si las rechaza, pondría en riesgo miles de empleos vinculados al comercio exterior. El resultado probable será un acuerdo parcial que satisfaga mínimamente a Trump mientras México gana tiempo para desarrollar su propia estrategia fronteriza. Una cosa es segura: la frontera sur se convertirá en el nuevo campo de batalla geopolítico entre ambos países.
