El presidente de China, Xi Jinping, declaró durante su discurso de Año Nuevo que la reunificación con Taiwán es una meta histórica que “nadie puede detener”. En su alocución transmitida por medios estatales, Xi subrayó los lazos inquebrantables entre el pueblo chino de ambos lados del estrecho de Taiwán:
“El pueblo chino a ambos lados del estrecho de Taiwán es una sola familia. Nadie puede romper nuestros lazos de sangre, y nadie puede detener la tendencia histórica a la reunificación de la patria”, afirmó.
Esta declaración llega en un contexto de creciente tensión militar y diplomática entre Pekín y Taipéi. Desde la llegada al poder del presidente taiwanés Lai Ching-te en mayo, China ha intensificado su presión sobre la isla, llevando a cabo tres grandes maniobras militares en los últimos meses, las más recientes a principios de diciembre. Funcionarios taiwaneses describieron estas maniobras como las mayores en años, aunque Pekín no las ha confirmado oficialmente.
El conflicto entre Pekín y Taipéi adquiere una dimensión internacional debido al papel estratégico de Estados Unidos, que, aunque no reconoce oficialmente a Taiwán, sigue siendo su principal aliado y proveedor de armas. La tensión podría escalar tras la inminente toma de posesión de Donald Trump como presidente de Estados Unidos el 20 de enero.
Trump ha prometido implementar aranceles punitivos contra lo que considera prácticas comerciales desleales por parte de China, lo que podría agravar las relaciones entre ambas potencias. Pekín ha rechazado estas acusaciones, pero la postura de Washington respecto a Taiwán y el comercio podría aumentar el riesgo de conflicto.
