El pasado 18 de septiembre, durante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Estados Unidos vetó, de acuerdo a un boletín del sitio oficial de la ONU, “una resolución que pedía el alto el fuego en Gaza y la liberación inmediata e incondicional de los rehenes”. Pero ¿qué es este consejo? ¿Por qué bastó la negativa de Estados Unidos para evitar el alto al fuego en Gaza?
Este Consejo, de acuerdo con información pública de esta organización, “tiene la responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales. El Consejo de Seguridad tiene 15 miembros y cada miembro tiene un voto. De acuerdo con la Carta, todos los Miembros de la ONU convienen en aceptar y cumplir las decisiones del Consejo de Seguridad. Éste es el único órgano de la ONU cuyas decisiones los Estados Miembros, conforme a la Carta, están obligados a cumplir”.
Si bien son quince países los que forman parte de este consejo, existen cinco países que son miembros permanentes y cuentan con derecho de veto sobre las decisiones del consejo; estos países son: Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido. Por esta razón, y la alianza que mantiene Estados Unidos con Israel, podemos entender la negativa estadounidense ante la intención de poner un alto al fuego, pues con esta acción, una vez más, de acuerdo con información de las Naciones Unidas, es el sexto veto que ejerce Estados Unidos en torno al conflicto entre Israel y Palestina, siendo el veto del 18 de septiembre el caso más reciente, donde los otros 14 integrantes del Consejo de Seguridad estaban de acuerdo y donde los 10 miembros no permanentes del consejo pedían también abrir las fronteras a la ayuda humanitaria.
Ahora, si tomamos en cuenta al total de los integrantes de la ONU, esta organización reporta que de sus 193 países reconocidos, 148 reconocen a Palestina como país; sin embargo, de momento queda claro que mientras no lo reconozca el integrante más poderoso en términos económicos y militares, Palestina se ve burocráticamente invisibilizada, pues al negar su reconocimiento, simbólicamente se niega su existencia, justificando de esa forma que todos los demás integrantes puedan actuar para incentivar a Israel a poner en pausa el conflicto.
Sin embargo, en paralelo, a falta de acción por parte de la ONU, integrantes de la sociedad civil que integran la Global Sumud Flotilla, que de acuerdo al medio alemán Deutsche Welle, está integrada por 51 barcos con aproximadamente 500 activistas que han zarpado desde Italia, Túnez, España y Grecia para intentar llevar ayuda humanitaria, con el riesgo latente de ser objeto de ataques por parte del ejército de Israel; pues, de acuerdo al mismo medio, “el portavoz del Ejército israelí, Effie Gefrin, afirmó por medio de un comunicado que la Armada está preparada para defender las fronteras del Estado de Israel por mar como lo está por aire y tierra. Gefrin aseguró, además, que la flotilla está organizada y financiada por Hamás y representantes de Hamás en Europa”.
Ante esta situación queda claro por un lado, el papel central que juega aún y seguirá jugando Estados Unidos como decisor a nivel global, y por otro, el papel de la sociedad civil como motor de cambio ante la inacción o falta de capacidad de tomar acción de instituciones oficiales. Si bien, todos los países tienen conflictos propios, eso no significa que lo que ocurre en lugares donde quizá nunca pongamos un pie, nos sea ajeno.
En ese contexto, cobra sentido el símbolo de la bandera pirata de One Piece que se apropiaron los jóvenes manifestantes de Nepal y que retomaron protestantes en otros lugares del mundo, como unificador de una causa y es que como se explica en el capítulo 334 del anime, cuando conversan Lil (la hija de Accino) y Nico Robin sobre recuperar la bandera pirata de los sombreros de paja previo a su viaje al nuevo mundo, la pequeña cuestiona a Robin sobre si es tan importante para el grupo de Luffy recuperar su bandera, a lo que ella responde “Sí, puede que esas banderas no sean más que trapos para ti, pero para nosotros los piratas, son nuestro bien más preciado y por lo tanto, no podemos perderlo”. ¿Cuál será la historia recordada en un futuro en torno a este y otros conflictos? ¿Será una historia de unión y solidaridad o será una tragedia más a recordar? Al tiempo lo sabremos.
