Nosotros ya ganamos.

Rodrigo Melo
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México quedó fuera del Mundial ante Inglaterra. Pero la verdadera protagonista del torneo nunca estuvo en la cancha: fue la afición.

Y cuando desperté, México ya no estaba en el Mundial.

Para propios y extraños, el desempeño del Tricolor dejó a más de uno con la boca abierta. Invicto en cuatro partidos y sin goles recibidos, hasta que el domingo Inglaterra puso el punto final con un 3-2 que dolió precisamente porque se peleó hasta el último minuto. Sudáfrica, Corea, República Checa y Ecuador habían desfilado sin pena ni gloria. Sin embargo, la gran sorpresa se vivió fuera de la cancha. Y es que quienes robaron la cámara fueron los aficionados mexicanos.

Medios extranjeros reportaron cómo vivió la fiesta mundialista el pueblo mexicano: destacaron su originalidad, su hermandad con los extranjeros aun siendo rivales en el juego, hasta su exceso. Analistas políticos señalaron que la población mexicana se encontraba unida como desde hacía mucho no se sentía.

Y a la gran fiesta se colaron los políticos. Ya sea presumiendo en sus redes fotos desde el estadio, o poniéndose la camiseta durante eventos públicos. Como dice el refrán, todos quieren jalar agua para su molino. El gobierno dio a entender que el ánimo de fiesta que embargaba a los mexicanos algo tenía que ver con su gestión. Con tal de colgarse la medalla, no faltó quien invitara hasta un pato a la mañanera. Del otro lado de la acera, la oposición se encargó de traer a la agenda los escándalos más recientes del oficialismo.

Por fortuna, ninguno de los bandos logró perturbar el ánimo de la afición. Para darnos una idea del tamaño de la fiesta basta un dato: la playera de la selección fue una de las más vendidas según la propia marca alemana, Adidas. Todo esto, a pesar de la piratería.

Pero el árbitro pitó el final, y con él llegó la resaca. Esa que no se cura con agua ni con un mensaje de ánimo de su político favorito. El domingo perdimos un partido. Hoy amanecimos con el país de los mil pendientes.

Y esa es quizá la postal más honesta del Mundial: un país capaz de unirse como pocos, de conmover al mundo con su fiesta, de organizarse en torno a una camiseta. Imaginemos por un momento lo que seríamos como país si esa misma pasión la volcáramos en lo esencial, en lo que cada día está en juego. En sentido figurado, no nos quitemos ni por un segundo la camiseta para enfrentar los problemas de México, para que ser campeones del mundo sea lo de menos.

Rodrigo Melo Castro es Director de comunicación y análisis político en Gobernarte. Escribe sobre poder, narrativa pública y la relación entre datos y decisiones. Esta es su primera colaboración con ORUS Media.

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