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Rodrigo Melo Columna de opinión

Dime cuánto gastas

Rodrigo Melo
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El martes, el secretario de Hacienda entregó a San Lázaro el Paquete Económico 2027, el último presupuesto antes de las elecciones intermedias. Diez billones seiscientos mil millones de pesos, un récord histórico, con la promesa que todo gobierno hace en año preelectoral: más para todos, sin cobrarle a nadie. No hay nuevos impuestos, prometió la presidenta, no hay gasolinazos. La aritmética suena a milagro, y como todo milagro, conviene revisarlo de cerca antes de arrodillarse.

Empecemos por lo que el gobierno presume, porque parte es verdad. Salud sube 11.3%, seguridad 11.5%, educación 10.7%, ciencia 13% y el campo un llamativo 20.6%. Todos los Programas para el Bienestar crecen por encima de la inflación. En el papel, es un presupuesto que reparte. Y en un año en que Morena se juega la Cámara de Diputados, que reparta no es casualidad: es estrategia. Los aumentos más vistosos van a los rubros que se convierten en spot, y las pensiones, que ya se llevan 543 mil millones de pesos, siguen siendo el corazón político del proyecto. El bienestar, antes que una política, es una boleta.

El problema con los porcentajes es que lucen mejores en el discurso que en la caja. Y aquí conviene señalar quién paga la fiesta. Para sostener el gasto social sin subir impuestos, el ajuste recae, como cada año, sobre la inversión pública y sobre Pemex. La petrolera recibe 1.3% menos en términos reales y buena parte de lo que recibe se va al pago de deuda, no a producir. El gobierno prometió que este año Pemex sería autosuficiente; no lo será, y los analistas lo advirtieron antes de que se secara la tinta. La consolidación fiscal descansa, otra vez, en supuestos de crecimiento que casi nadie fuera de Hacienda comparte: el gobierno proyecta hasta 2.4%, la banca calcula 1.8%, y algunos organismos, apenas 1.1%. Cuando el ingreso se estima con optimismo y el gasto se ejerce con certeza, la diferencia la termina pagando alguien. Normalmente, el que menos aparece en los spots.

Ahora bien, junto al paquete ya circula la próxima jugada, todavía en discusión y no aprobada: la Comisión de Hacienda de San Lázaro analiza subir el IEPS a las bebidas alcohólicas y a los alimentos con alto contenido de sodio, bajo la bandera de los llamados impuestos saludables. Suena razonable, hasta que se lee la letra chica de sus antecedentes: los impuestos saludables que ya existen, como el de bebidas azucaradas o comida chatarra, no tienen una ruta que garantice que lo recaudado llegue al presupuesto de salud. Se cobran en nombre de la salud pública, pero el destino del dinero es el mismo que el de cualquier otro peso que entra a la Tesorería. Es el truco más viejo del manual fiscal: ponerle a un impuesto un nombre virtuoso y gastarlo donde haga falta tapar otro hoyo.

Y llegamos al rubro que ninguna conferencia matutina quiere tocar, el que mejor mide la distancia entre el discurso y la decencia: las desapariciones. México acumula más de 124 mil personas desaparecidas. El año pasado, en marzo de 2025, un colectivo de buscadoras encontró en un rancho de Teuchitlán, Jalisco, lo que documentaron como un campo de exterminio, con restos calcinados, crematorios clandestinos y más de mil objetos personales. La imagen le dio la vuelta al mundo y obligó a la presidenta a prometer, en medio de la indignación nacional, que fortalecería la Comisión Nacional de Búsqueda. Año y medio después, con ese compromiso todavía fresco, conviene revisar los números. La Comisión de Búsqueda arrastra recortes desde 2024. Entre 2015 y 2024, los recursos destinados a investigar desapariciones cayeron 40%. La instancia encargada de encontrar a 124 mil personas ha sido, presupuestalmente, una de las más golpeadas del aparato federal, y lo fue incluso el año del campo de exterminio.

Ahí está la verdadera aritmética del bienestar. Un país puede presumir que aumenta la salud mientras deja en veremos si el nuevo impuesto que se le cobra al consumidor en nombre de esa salud realmente llega a un hospital. Puede presumir seguridad mientras la comisión que busca a sus muertos sobrevive con las sobras. Puede repartir pensiones a manos llenas en año electoral y, al mismo tiempo, dejar que las madres buscadoras pongan de su bolsa el agua y la comida de las brigadas, como han denunciado una y otra vez. El presupuesto no miente, aunque el discurso lo intente: dime cuánto gastas y te diré a quién quieres convencer.

Porque de eso trata un presupuesto preelectoral. No de lo que el país necesita, sino de lo que al gobierno le conviene que se vea. Y lo que se ve, este año, es mucho dinero corriendo hacia donde hay votos y muy poco hacia donde hay fosas.

Faltan catorce meses para las elecciones. Tiempo de sobra para que los aumentos se conviertan en spot. Y para que los 124 mil sigan esperando, como siempre, hasta el próximo presupuesto.

Rmc

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