México en riesgo: ¿se escapa el nearshoring?

Jessika Tamez Bougthon
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La inversión extranjera directa (IED) en México enfrenta desafíos significativos en un momento donde el nearshoring presenta oportunidades únicas para el país. La reciente transición gubernamental, con la llegada de la presidenta Claudia Sheinbaum, introduce nuevas políticas que podrían influir en la percepción de los inversionistas extranjeros.

El gobierno de Sheinbaum ha presentado un Plan Nacional de Energía que busca atraer inversión privada y fomentar las energías limpias para revitalizar el sector energético en México. A pesar de restricciones constitucionales, el plan incluye cuatro ejes: garantizar tarifas accesibles, fortalecer la Comisión Federal de Electricidad (CFE), fomentar la generación de energías alternativas y abrirse al capital privado con reglas claras. La CFE seguirá siendo el principal generador con el 54% de la energía, mientras que el capital privado cubrirá el 46%. 

Sin embargo, la relación bilateral con Estados Unidos enfrenta nuevos retos con la reciente elección de Donald Trump como presidente. Trump exige resultados inmediatos en la contención de migrantes y el tráfico de fentanilo, amenazando con aranceles del 25% y la mayor deportación de migrantes en la historia. Esto afecta los planes de Sheinbaum de atraer inversiones, combatir el crimen organizado y tratar la inmigración desde una perspectiva de derechos humanos.

Las políticas comerciales propuestas por el presidente electo de Estados Unidos, podrían desincentivar a las empresas chinas de establecer operaciones en México con el objetivo de acceder al mercado estadounidense, ya que enfrentarían barreras arancelarias similares a las impuestas directamente a China. Para México, esto representa un desafío, ya que podría reducir la inversión extranjera directa y limitar las oportunidades derivadas del nearshoring. 

De igual forma, S&P Global Ratings anticipa que México mantendrá una gestión macroeconómica cautelosa en los próximos dos años, aunque advierte sobre posibles desafíos comerciales con Estados Unidos, especialmente bajo el próximo mandato presidencial de Donald Trump y la revisión del TMEC en 2026. La calificación de México, actualmente “BBB”, podría disminuir si empeoran la deuda y el déficit fiscal. Por otro lado, la confianza de los inversores y la inversión también son factores claves.

Las tasas de interés en México y Estados Unidos desempeñan un papel crucial en la atracción de Inversión Extranjera Directa (IED). Un diferencial de tasas favorable puede incentivar a los inversionistas a dirigir sus capitales hacia México, buscando rendimientos más altos. Sin embargo, si la Reserva Federal de EE. UU. incrementa sus tasas de interés mientras el Banco de México las mantiene o las reduce, este diferencial se estrecha, disminuyendo el atractivo relativo de México para la IED. 

Además, tasas de interés más altas en EE. UU. pueden fortalecer al dólar frente al peso mexicano, encareciendo las exportaciones mexicanas y afectando la competitividad de las empresas que buscan relocalizarse cerca del mercado estadounidense. Por lo tanto, es esencial que las autoridades mexicanas mantengan una política monetaria que equilibre la estabilidad económica interna con la competitividad internacional, para maximizar los beneficios del nearshoring.

En este contexto, es esencial que el gobierno mexicano aborde con urgencia los desafíos internos y externos que afectan la IED. La implementación de políticas claras y estables, el fortalecimiento del estado de derecho y la mejora de la infraestructura son fundamentales para recuperar la confianza de los inversionistas y aprovechar plenamente las oportunidades que ofrece el nearshoring. Solo así México podrá consolidarse como un destino atractivo para la inversión extranjera en un entorno global cada vez más competitivo.

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