Estando en la sierra y mirando desde lo alto el verde valle, sale a relucir la contemplación de aquel estado que nos hace volver a reconectar con la madre naturaleza, algo complicado hacerlo desde la agitada urbanización, ese breve espacio en el cual hasta la respiración se percibirse de manera diferente, ese olor que es muy particular entre tierra, maleza y jarales, que denotan una sensación relajante, donde el tiempo parece quedarse quieto y nada lo perturba; el estado de reconexión donde uno se va adentrando es necesario, para llegar hacer esa limpieza del espacio psicomental, el constructivista Bielorruso Lev Vygotsky (Mind in Society: The Development of Higher Psychological Processes), ya lo abordaba, bajo su enfoque socio cultural sobre el desarrollo cognitivo el cual ha sido clave para entender cómo los procesos mentales se desarrollan en interacción con el entorno social; la abstracción de la urbe metropolitana es necesaria para lograr una purga mental y hacer a un lado la “basura que se va recolectando”. Cada paso entre caminos y veredas es una inmersión a un estado alterado para lograr una introspección, es una especie de autoevaluación de lo que se ha transitado en la vida, es meditación en movimiento.
La reflexión sobre cómo impacta en algunos eventos dentro de varios periodos de la vida y como pueden ser relevantes en la percepción del ser y su reconexión con el presente, puede llevar a una comprensión más profunda de uno mismo, la fenomenología de Edmund Husserl (La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental), hace una mención sobre como experimentamos el tiempo en la conciencia, cuando expone que el tiempo no es un concepto externo y/o objetivo sino como algo que se vive y se percibe de manera interna, lo percibe como la conciencia que está siempre orientada hacia el futuro, mientras que el pasado se mantiene dentro de la memoria y el presente se vive en un flujo continuo. La propuesta del matemático y físico alemán (por cierto, maestro de Albert Einstein, me refiero a Hermann Minkowski (Space and Time. Conferencia presentada en la 80ª reunión de la Sociedad Matemática de Berlín), nos da su visión sobre el tiempo que es fundamental para entender cómo la ciencia moderna concibe este concepto, el cambio de nuestra comprensión del tiempo al integrar el tiempo y el espacio en una única entidad que llamó espacio-tiempo. Antes de Minkowski, los físicos pensaban en el tiempo como dos entidades separadas (espacio-tiempo): el espacio como tres dimensiones físicas (alto, ancho y profundidad) y el tiempo como una cuarta dimensión separada. Minkowski revoluciono el concepto bajo la siguiente idea; el tiempo y el espacio no son entidades separada, sino que están unidos en una sola estructura de cuatro dimensiones. Bajo una expresión mas digerible, el espacio-tiempo como un todo continuo e indivisible, y el tiempo no se puede entender por separado del espacio.
Podemos ver que dentro de llamada era new age, el concepto de la cuarta dimensión tiene un enfoque completamente distinto al de la física y matemática, observando una notable antinomia, debido a que no se vé con un enfoque completamente distinto, cómo lo es la asociación con aspectos seudo-espirituales, metafísicos y demás vertientes relacionadas con la conciencia, la interrogante sale a relucir ¿cada individuo tiene una concepción diferente relativo al tiempo, al que se trata de homologar de una forma totalitaria, se percibe de una forma diferente?, entonces ¿porqué pensar que todos se deben de tratar igual?.
La idea del físico-teórico Michio Kaku(The Fabric of the Cosmos: Space, Time, and the Texture of Reality. Alfred A. Knopf.), se esta haciendo notable y cobrando cada vez más la idea, de un espacio haciéndose una realidad; al referirse que el tiempo puede ser una ilusión dentro de la estructura espacio-tiempo, debido aque es más una construcción de la conciencia humana que una propiedad real del universo; la fecha del tiempo, o el “fluir” del tiempo, no precisamente se refiere a nuestra experiencia del tiempo como algo que solo avanza en una dirección; del pasado al futuro, la fecha es en gran parte una construcción humana, y desde el punto de vista de las leyes fìsicas fundamentales, el tiempo no tiene por qué seguir una dirección predeterminada… Si se obsrva desde esta óptica entonces ¿porqué seguir la dinamica social de correr cuando se puede cambiar?, la sabiduria de mi abuela se hace presente y solo con el sentido común y me hizo recordar lo siguiente: ¡para que tanto brinco, estándo el suelo tan parejo, ni que tú lo fueras a emparejar!, por lo qué se hace una clara invitación a fluir ante la vida.
