En tiempos en que la desesperanza suele instalarse como huésped incómodo en nuestras ciudades, la noticia que llega desde Naucalpan abre una rendija luminosa. El alcalde Isaac Montoya ha decidido enfrentar dos frentes que, aunque distintos, tienen un mismo hilo conductor: la dignidad de la vida. Por un lado, la creación de brigadas de atención a la salud mental enfocadas en la prevención del suicidio. Por otro, la rehabilitación de vialidades estratégicas que devuelven orden, movilidad y seguridad a miles de habitantes.
El mensaje es claro: la transformación no solo se mide en metros de pavimento, también en vidas que se salvan cuando un gobierno entiende que escuchar es tan importante como construir.
La vida primero: brigadas de esperanza
Durante la Semana de Prevención del Suicidio, Montoya Márquez presentó el programa «Dale a tu vida una esperanza, por un Naucalpan que escucha, cuida y acompaña». Se trata de brigadas ciudadanas capacitadas como “primeros respondientes y escuchas”, que funcionarán como el primer puente entre una persona en crisis y las instituciones especializadas en salud mental. No es menor. El suicidio es una de las principales causas de muerte en jóvenes, según la Organización Mundial de la Salud. Que un municipio se atreva a mirar de frente este dolor y construir una política pública integral lo coloca en un camino distinto: el de la empatía transformada en acción.
Además, se anunció que el C4 ampliará sus funciones para operar como una “Línea de la Vida”, canal de comunicación directo para atender emergencias emocionales. Este es un paso que convierte a la tecnología de seguridad en un recurso de cuidado humano. La coordinación interinstitucional refuerza la seriedad del proyecto: Guardia Municipal, DIF, Centro Comunitario de Salud Mental, Centro de Integración Juvenil, especialistas de la FES Acatlán y organizaciones civiles. La salud mental ya no es un tema relegado; en Naucalpan se asume como una responsabilidad compartida.
Calles que hablan de transformación
Pero mientras se cuidan las emociones, también se cuida el espacio público. El mismo alcalde entregó la rehabilitación de la Calle Abasolo, en Naucalpan Centro, donde se intervinieron 2,217 metros cuadrados con pavimento asfáltico, señalización, nivelación de coladeras y pasos peatonales. La frase del alcalde lo resume: “ni la lluvia ni el viento detienen el movimiento”. Y es que las obras en Abasolo son parte de un plan integral que alcanza Paseo de los Mexicas, Boulevard Luis Donaldo Colosio, Avenida del Rosal y los últimos tramos de Minas Palacio. La ambición es histórica: rehabilitar por primera vez el Periférico Norte, una de las arterias más deterioradas y transitadas.
La renovación urbana no es solo estética. Significa movilidad más segura, tiempos de traslado más cortos y espacios mejor conectados. Una ciudad que se cuida también en su infraestructura es una ciudad que apuesta al bienestar cotidiano de su gente.
Escuchar y construir: el nuevo rostro de la política local
Lo que ocurre en Naucalpan es más que una serie de obras o programas. Es la apuesta por un modelo de gobierno que entiende que cuidar la vida es inseparable de cuidar el entorno. En un mismo discurso, Montoya Márquez habla de salud mental y de calles seguras, de jóvenes escuchados y de vecinos que caminan por pasos peatonales renovados.
El verdadero cambio en un municipio no llega con discursos vacíos, sino con hechos que tocan la vida diaria: un joven que encuentra a alguien que lo escucha antes de rendirse, un conductor que circula con mayor seguridad, una madre que cruza con sus hijos por un paso peatonal recién pintado. Naucalpan demuestra que sí se puede gobernar con una visión integral: transformar las calles y, al mismo tiempo, transformar la forma en que las instituciones acompañan a sus ciudadanos. Porque al final, una ciudad que escucha y cuida es una ciudad que también se transforma.
