Impactando la dualidad en el mundo actual

Cristian Trejo
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Escudriñando textos y asimilando ideas que van siendo un revoltijo de signos y significados que mi atrofiada cabeza produce, viene a colación un concepto que pocas veces se ha escuchado, pero siempre ha sido visto, y estamos hablando del Maniqueísmo, se atribuye esta corriente y creación filosófica al Profeta Persa Mani, el cual centra su enseñanza en la división del mundo en dos fuerzas opuestas y en conflicto: el bien y el mal, lo blanco y lo negro.

La proporción dualista tuvo su auge en diversas religiones y pensamientos medievales, pero no está alejada del pensamiento del siglo XXI, solo cargada con una tónica de eufemismos principalmente aplicados en la era Digital.

En el mundo contemporáneo, el maniqueísmo se puede observar como la polarización de opiniones y valores, la cual tiene un reflejo en el ámbito político, social y cultural, donde a menudo se presenta un mundo dividido entre “buenos”, “malos”, “nosotros” y “ellos”, para hacerlo más claro, podemos referir que esto no sólo es un fenómeno producto de ideologías políticas extremas, sino narrativas que simplifican cuestiones complejas, fomentando la división en lugar de promover el diálogo o la complejidad. Cass Sunstein (Republic 2.0), señala que el entorno de las redes sociales amplifica estas visiones polarizadas, donde los usuarios tienden a rodearse solo de información que refuerza sus creencias preexistentes, excluyendo perspectivas contrarias.

Las plataformas digitales juegan un rol fundamental en esta polarización: el contenido tiende a ser presentado en términos de un «bien» (un grupo o ideología que es percibido como correcto) y un «mal» (lo opuesto). El «clickbait» o contenido sensacionalista explota la simplicidad de esta visión maniquea, generando una dinámica de enfrentamiento constante entre grupos ideológicos, aumentando la tensión y reduciendo el espacio de interacción y la reflexión crítica. ¿A alguno le parece familiar esto?.

Dentro de la era Digital se ha multiplicado el maníqueismo por varias razones. Por una parte el algoritmo de las redes sociales tiende a crear un eco de resonancia donde las personas interactúan principalmente con aquellos que comparten sus opiniones y visiones del mundo. Esto puede tener una repercusión en una visión cada vez más simplificada de los conflictos globales y una desconexión entre los diferentes puntos de vista. Eli Pariser (The Filter Bubble) acuña el término: “filtro bubuja”, para referirse a la decripción de los algoritmos de personalización de contenido en internet, para sumergir al usuario donde solo se les muestra contenido que refuerza sus creencias y opiniones, una vez más podemos observar las precondicionantes. 

Una aportación similar la ofrece el filósofo Shoshana Zuboff (The Age of Surveillence Capitalism), donde fomenta un entorno donde las narrativas simples, maniqueas, son aprovechadas por las plataformas digitales para generar una directriz, lo que crea una división aún más profunda entre los usuarios; el maniqueísmo está estrechamente vinculado a la manipulación emocional, las imágenes y narrativas simplistas que apelan a las emociones en lugar de la razón. Las imágenes de “buenos” o “malos” son potentes porque se basan en la simplificación de realidades complejas y esto se amplifica en el mundo digital donde las respuestas rápidas y emocionales abundan.

En un mundo donde cada vez los opuestos son más marcados y delinean las acciones que conducen un mundo donde la reacción es una respuesta y no una pregunta, se vuelve un entorno cada vez más disímil, parece que ser ecuánime y no tomar partido o postura alguna puede parecer una utopía, el desafío radica en superar esta visión cada vez más reduccionista y fomentar una comprensión mayor del entorno donde las ideologías extremas y las visiones dualistas tienen a una extrema visibilidad.  

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