El manifestante muerto a tiros por un agente federal el sábado en Minneapolis ha sido identificado como Alex Jeffrey Pretti, un enfermero de cuidados intensivos de 37 años, ciudadano estadounidense sin antecedentes penales que participaba en las protestas contra las redadas del ICE. La confirmación de su identidad, dada a conocer por su familia y el jefe de policía Brian O’Hara, contrasta radicalmente con la versión inicial del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), que lo describió como un «inmigrante ilegal buscado por agresión violenta» que intentaba una «masacre».
Pretti, nacido en Illinois y residente del sur de Minneapolis, trabajaba reclutando pacientes para ensayos clínicos en el Departamento de Asuntos de Veteranos de Minneapolis. Su padre, Michael Pretti, declaró que su hijo era un «ávido amante de la naturaleza» y una persona que «se preocupaba profundamente por la gente», participando en las protestas tras el asesinato de Renee Good por un agente del ICE a principios de enero. «Sentía que protestar era una forma de expresar su preocupación por los demás», afirmó el padre, añadiendo que su único contacto previo con la ley eran un par de multas de tráfico.

La versión oficial federal, difundida inicialmente por el DHS y amplificada por el asesor de Trump, Stephen Miller –quien tildó a Pretti de “terrorista doméstico”–, sostiene que el hombre era un «inmigrante ilegal» armado con una pistola 9mm que representaba una amenaza letal. Sin embargo, el jefe de policía Brian O’Hara confirmó que Pretti era un «ciudadano estadounidense», y funcionarios locales corroboraron que tenía licencia para portar armas, una práctica legal en Minnesota. Un colega médico, Dimitri Drekonja, lo describió en redes sociales como «una persona amable y bondadosa que vivía para ayudar».
El incidente, captado en video, muestra un forcejeo entre agentes y Pretti antes de que se escuchen al menos diez disparos. Según el Minnesota Star-Tribune, Pretti recibió un disparo en el pecho y falleció tras ser trasladado de urgencia. Tras el tiroteo, una multitud enfurecida se congregó en el lugar, insultando a los agentes y siendo dispersada con burlas por parte de estos. La intersección permanece bloqueada con presencia de la Patrulla Fronteriza.
La muerte de Alex Pretti representa la segunda de un ciudadano estadounidense en manos del ICE en Minneapolis en menos de un mes, tras la de Renee Good (también de 37 años), y el tercer episodio violento en dos semanas. Estos hechos han servido como catalizador para el movimiento ‘ICE Out for Good’, que exige la retirada de los aproximadamente 2,000 agentes federales desplegados en la operación «Metro Surge». El DHS reporta más de 3,000 arrestos desde diciembre, pero la comunidad denuncia un clima de terror y violaciones constitucionales.
En respuesta a la tragedia, la comunidad local ha reaccionado con muestras de apoyo y resistencia. En la parada de autobús cercana al tiroteo, se instaló un monumento improvisado con flores y velas en memoria de Pretti. Allison Bross, propietaria de la tienda b. Resale ubicada junto al lugar, abrió sus puertas para ofrecer refugio, comida, agua y atención médica a los manifestantes que desafían temperaturas gélidas. «Somos un negocio comunitario; no existimos sin la comunidad», declaró Bross, ejemplificando la solidaridad vecinal.

La divergencia narrativa entre las autoridades federales y locales es absoluta y profundiza la crisis de credibilidad y la fractura política. Mientras el DHS y la administración Trump justifican la operación como una medida necesaria contra la criminalidad, el gobernador Tim Walz y el alcalde Jacob Frey han exigido reiteradamente la retirada de los agentes, calificando su actuación de violenta e innecesaria. La figura de Pretti –un profesional de la salud, cuidador de veteranos y ciudadano sin historial delictivo– se convierte en el símbolo involuntario de lo que la oposición describe como una represión desbocada y errónea.
Expertos legales anticipan que este caso podría desencadenar demandas judiciales de gran alcance contra el DHS y una investigación del Congreso, centrada en los protocolos de uso de la fuerza y la veracidad de las declaraciones públicas de la agencia. La rápida difusión de la identidad y el perfil de Pretti por parte de su familia y colegas ha desarmado, en la esfera pública, la narrativa federal inicial, poniendo en evidencia una potencial campaña de desinformación.
La muerte de Alex Pretti no es un incidente aislado, sino el punto de ignición de un conflicto nacional sobre inmigración, federalismo y derechos civiles. Mientras Minneapolis se prepara para más protestas y posibles enfrentamientos, la pregunta central persiste: ¿Cómo y por qué un enfermero estadounidense, manifestándose pacíficamente, terminó muerto en una operación diseñada para detener a inmigrantes indocumentados? La respuesta a esta pregunta definirá el legado de la «Metro Surge» y marcará un precedente crítico para el ejercicio del poder federal en suelo estadounidense.
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