En semanas anteriores hemos abordado las formas en que la felicidad se hace fugaz, cuando esta depende de factores incontrolables de la vida cotidiana o de nuestras cambiantes y dinámicas emociones.
Es posible la práctica de una felicidad constante y siempre disponible, aquí y ahora. Una felicidad que no sea cambiante, ni dependa de los vaivenes de la vida cotidiana. Una felicidad que no cede ante la tristeza ni se termina en la ausencia de alegría.
La razón fundamental por la que solemos perdernos esa posibilidad y esa práctica, es el apego. A-pego, me pego a… Me aferro emocionalmente a cosas, personas, situaciones. Inconscientemente atamos nuestra felicidad a todo eso, haciéndola dependiente. Esta dependencia suele ser muchas veces a cuestiones que están fuera de nuestro control.
Si mi felicidad va a depender depositada en cuestiones que están fuera de mi dominio, pues evidentemente la felicidad también estará fuera de mi domino.
Apego no es más que otra forma de llamar a la dependencia emocional. Esto es, que mi bienestar emocional (o felicidad) dependa de algo.
Por ejemplo, si mi felicidad depende de tener un trabajo en donde gane muy bien y en el que sienta prestigio… Siempre que en ese trabajo esté mi vida, seré feliz y si no, no podré serlo. ¿Y si un día llega una pandemia y ya no tengo ese trabajo? ¿Y si un día la empresa hace cambios en su estructura y se decide desvincularme? ¿Y si la empresa cierra o se va del país?
Si en cambio, por ejemplo, mi felicidad depende de un vínculo… sólo seré feliz mientras esa persona permanezca en mi vida y sienta por mí lo que yo creo necesitar para estar bien. Pero todas las personas cambiamos con el tiempo y así los vínculos. No todos los vínculos duran toda la vida, o muchos años. ¿Entonces no podré ser feliz?
La manera de construir una felicidad no dependiente de esos factores será a través del desapego, la no-dependencia emocional. Prestando una dirigida atención a los hechos que aquí estamos comentando, durante nuestra vida cotidiana, es más fácil detectar en qué aspectos de nuestra vida tenemos apegos.
Al detectarlos, es posible la práctica del desapego. Si yo identifico que mi felicidad es dependiente de mi trabajo o de mi pareja, es allí donde el desapego me ayudará a retomar el control de mi bienestar.
Desapego no significa desinterés o desamor, sólo significa no-dependencia emocional. Puedo sentir un gran interés y mucho amor por mi pareja y que al mismo tiempo mi felicidad no dependa de ella. Mientras ese vínculo sea sano y sostenible… lo disfrutaré. Y si un día ese no el caso, seguiré siendo feliz aunque ya no tenga ese vínculo para disfrutar.
En el desapego una cosa no depende de la otra. La felicidad permanece, aún cuando hay tristeza.
¿Cómo ir logrando entonces ese desapego? A través de nuestro próximo tema: la práctica cotidiana de la atención plena.
Nipur Bhasin, monje budista de la Sangha Dhammapada.
Monje a cargo del Dojo Zen Dhammapada. Consulta aquí las actividades y cursos del Dojo en CDMX.
