El último jaguar de la Península

Filiberto Cruz Monroy
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Camina sigilosamente por la selva acechando a su presa. Durante su cacería tuvo que atravesar un descampado que antes no existía por donde pasa una máquina de hierro. Además, cruzó por un lugar de suelo negro donde las plantas no crecen y el piso le quemaba las patas. Al fin, después de perseguir a ese venado por dos horas logró cazarlo, pero solo comió por espacio de diez minutos porque a lo lejos escuchó las pisadas de varios hombres y el rugido de sus varas que escupen fuego. Otro día más para vivir con la panza medio vacía.

Esta podría ser la historia de un jaguar que vive en la Península de Yucatán, quizás el último jaguar de Campeche, Yucatán o Quintana Roo. Los humanos nos estamos comiendo su selva y la mayoría ni nos enteramos. Construimos casas, trenes, carreteras y puentes sin importar que tiremos en el camino. Arrojamos basura y contaminamos el agua y nadie puede detenernos.

Cada día, la Península pierde 196 hectáreas de área forestal, o lo que es lo mismo, 392 campos de futbol. El estudio: “Evaluación de la Deforestación en la Península de Yucatán 2019-2023” realizado por el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible revela que la Península de Yucatán ha perdido 285 mil 580 hectáreas de selvas, de las cuales 5 mil 610 hectáreas corresponden a las obras del megaproyecto Tren Maya, en los Tramos 5, 6 y 7 en Quintana Roo y Campeche.

De las tres entidades que integran la Península, Campeche es la que registra el mayor impacto con 29 mil hectáreas de selva deforestadas por año, seguido por Yucatán, con 27 mil 519 y Quintana Roo, con 14 mil 595. Cuatro industrias provocan la mayor cantidad de destrozos con total impunidad: el turismo, la ganadería, la inmobiliaria y la agroindustria. Expertos calculan que en toda la Península de Yucatán quedan entre 1,600 y 1,800 jaguares y la cifra sigue bajando.

La organización ambiental Greenpeace ha señalado la urgencia de proteger la biodiversidad de la Península de Yucatán. El cambio climático es evidente y los fenómenos meteorológicos como tormentas y huracanes son más fuertes y la barrera protectora natural, el mangle, está desapareciendo. Biólogos del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav) en Mérida calculan que tan solo en Yucatán se degradan 100 hectáreas de mangle cada año. Es prioritario exigir a los gobiernos que modifiquen leyes, ordenamientos, asignación de recursos públicos, y concesiones en beneficio de la biodiversidad.

Pero no solo el jaguar es vulnerable, el armadillo, el puerco espín, el manatí, el mono araña, el saraguato negro, la tortuga carey y el oso hormiguero están en peligro de extinción. ¿Cuándo vamos a parar con la devastación? El poeta chileno Jorge Teiller escribió:

¿Has olvidado que el bosque era tu hogar?

¿Qué el bosque grande, profundo y sereno te espera como un amigo?

Vuelve al bosque allí aprenderás a ser de nuevo un niño.

¿Por qué te olvidaste que el bosque era tu amigo?

Urge tomar medidas antes de que tengamos que contar la historia del último jaguar de la Península de Yucatán. Comentarios: filibertocruz@gmail.com

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