El ocaso del PRI y la soledad del PAN: la metamorfosis electoral de la Ciudad de México

Israel Gómez
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En política, los números rara vez mienten, pero suelen hablar en voz baja. Quien sepa escucharlos encontrará en los resultados electorales de 2024 en la Ciudad de México no solo un mapa de votos, sino un espejo de la historia reciente: la transformación —y quizás el fin— de una era en la que el PRI fue columna vertebral y el PAN, socio necesario. Hoy, en la capital del país, ambos parecen figuras en retirada frente a una maquinaria morenista que ha aprendido a reconectar con las masas urbanas que hace tres años le dieron la espalda.

De la sorpresa al reacomodo

En 2021, la oposición sorprendió al país: arrebató casi la mitad de las alcaldías de la capital, entre ellas emblemas que durante años fueron territorio morenista. La coalición “Va por México” logró lo impensable al articular un frente común entre antagonistas históricos —PAN, PRI y PRD—, unidos más por la urgencia que por la convicción. Aquella noche, en los cuartos de guerra opositores, el champagne se destapó con la promesa de un renacimiento azul y tricolor.

Pero la euforia duró poco. Tres años después, el péndulo volvió con fuerza. La elección de 2024 marcó una participación ciudadana del 69.83%, casi 18 puntos más que en 2021. Esa ola de votantes adicionales —más de un millón y medio de personas— terminó reforzando al oficialismo: la coalición “Sigamos Haciendo Historia” alcanzó 2.88 millones de votos (51.9%), mientras que la alianza opositora “Fuerza y Corazón por México” apenas logró 2.15 millones (39.8%).
El viento ciudadano, lejos de ser antisistema, fue un viento de regreso.

El PRI: de columna vertebral a peso muerto

El desplome priista es más que una cifra: es la confirmación de un proceso de desintegración estructural. En 2021, el tricolor aún aportaba un 13.9% dentro de la coalición; en 2024, su contribución cayó al 7.6%. Es decir, perdió casi la mitad de su peso relativo en apenas tres años. Lo que alguna vez fue la maquinaria electoral más disciplinada de México hoy sobrevive como un cascarón simbólico, dependiente del impulso ajeno.

En La Magdalena Contreras, este fenómeno se exhibe con precisión quirúrgica. En 2021, el PRI era el músculo de la coalición que arrebató la alcaldía a Morena. Tres años después, sus votos no solo se redujeron, sino que fueron absorbidos por el PAN y, en mayor medida, por Morena. Su voto duro se diluyó. Lo que antes fue una estructura territorial robusta, hoy es una sombra incapaz de sostener la balanza. Los números son lapidarios: de 32,941 votos priistas en 2021, a 30,549 en 2024, mientras Morena escaló de 44,889 a 69,080.
El PRI, simplemente, ya no está ahí.

El PAN: liderazgo solitario y sin carisma local

El PAN, en cambio, mantiene un pulso más firme, pero sin vitalidad expansiva. Pasa del 25.4% en 2021 al 28.2% en 2024, consolidándose como la primera fuerza opositora. Sin embargo, su crecimiento es insuficiente para competir con un Morena que rebasó el 42% solo como partido.
La decisión reciente del blanquiazul de romper con las alianzas implica un salto al vacío calculado: buscar la pureza de su identidad a costa de la eficacia electoral. Pero en territorios como la capital, donde el voto es líquido y pragmático, la pureza suele ser un lujo que se paga con derrotas.

En La Magdalena Contreras, por ejemplo, el PAN creció de 20,993 votos (18.4%) a 29,635 (20.0%), pero ni siquiera ese avance le alcanzó para mantener el control. La alcaldía volvió a Morena con la misma proporción de secciones —91 de 149— que en su momento había conquistado la oposición. El tablero se revirtió por completo, como si el ciclo político se hubiera cerrado con precisión matemática.

Un nuevo orden en la capital

La Ciudad de México ha vuelto a su cauce progresista, aunque no necesariamente por convicción ideológica. Lo que los datos sugieren es una fatiga de la alternancia fallida. El voto de 2021 fue una llamada de atención; el de 2024, una corrección. Morena recupera su hegemonía gracias al aumento de participación, al deslizamiento del voto priista y a la ausencia de un relato opositor convincente.
Mientras el PAN busca reinventarse y el PRI sobrevive en respiración asistida, la capital parece haber encontrado un nuevo equilibrio: un morenismo con rostro urbano, menos dogmático, más pragmático.

Epílogo: urnas que sentencian

Las urnas no mienten, pero dictan sentencias que a veces tardan en asumirse. En esta, la capital habló con claridad: el PRI ha dejado de ser un actor relevante; el PAN, aunque conserva presencia, deberá reinventar su liderazgo si no quiere correr la misma suerte; y Morena, pese a sus fracturas internas, ha demostrado que sigue siendo el partido de la mayoría.

Lo demás es anécdota. La historia de la Ciudad de México en 2024 no es la de una elección más, sino la de un cambio de era. El viejo sistema —ese que sobrevivía gracias a coaliciones improbables— ha quedado atrás. Lo que viene será un tiempo de soledades políticas, de partidos obligados a encontrarse a sí mismos… o a desaparecer.

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