El mito del carnero

Joel Nava Lara
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En estos días comienza el ciclo anual de los signos zodiacales, esa especie de calendario natural con el que nuestros ancestros contaban para llevar el paso de los años. 

A lo largo del tiempo, el Sol recorre la bóveda celeste en un movimiento aparente visto desde la Tierra, aunque ya sabemos que quienes se mueven alrededor del Sol somos nosotros. En su recorrido, el Sol pasa por ciertos cúmulos de estrellas que conocemos como constelaciones, las cuales han desatado la imaginación de los humanos desde los primeros días y aunque cada cultura tiene sus constelaciones, la astronomía occidental utiliza el sistema que idearon los egipcios, caldeos, hebreos y griegos para describir a dichas constelaciones, alrededor de 88 de ellas.

Con la llegada de la primavera, esa época en la que se nota el cambio en el clima de lo frío y casi muerto hacia el calor y la vida, también podemos observar que el Sol comienza su viaje a través de la constelación de Aries, un cúmulo de unas 80 estrellas visibles, algunas de las más brillantes parecen formar una V, lo cual da lugar a la asociación con los cuernos de un carnero. Si bien es usual encontrar solo unas cinco estrellas formando dicha V, la constelación ocupa un lugar más grande en el espacio visible desde la Tierra, con el resto de sus estrellas dispersas en él.

En la mitología occidental y en particular la griega, es un carnero alado y con piel de oro al que Zeus coloca en el cielo, después de ayudar a una pareja de hermanos a huir de una muerte segura, los hermanos Frixo y Hele, al verse en peligro pues la madrasta de estos quería asesinarlos, su madre, una ninfa llamada Néfele asociada a las nubes, manda al carnero a rescatarlos, aunque la hermana cae al mar y solo sobrevive el varón Frixo. Al llegar a buen puerto y encontrarse a salvo, Frixo da en sacrificio al carnero para agradecer a los dioses su intervención y regresar al carnero a su forma primigenia. Zeus recompensa al carnero y lo ubica en el cielo como la primera constelación del Zodiaco, aquella que lidera y abre el camino con su cabeza y cuernos. 

Recordemos además que en esa época, hace unos dos mil años, los sacrificios de carneros, borregos o corderos eran muy comunes para agradecer a los dioses sus bendiciones, comenzando tal vez con sacrificios para abrir la época en la que la vida resurge en la Tierra, no es de extrañarse que la primer constelación en otras civilizaciones antiguas sea tambien el carnero.

En este caso, la palabra Aries tiene como origen “arietis” que significa literalmente borrego en griego y nos dá una idea de por qué se llaman “arietes” a los troncos utilizados para derribar puertas o muros en los combates, pues la parte frontal de dichos troncos usualmente eran adornadas con cabezas de carneros, con cuernos enrollados que abráan paso a los hombres a través de los obstáculos. 

El mito del carnero no termina ahí. Al sacrificar al carnero enviado a rescatarlo, Frixo conserva la piel y la cabeza, mismas que al ser doradas y provenientes de una ser mitológico, conferían poderes y tenían propiedades interesantes, como restablecer la salud de algún enfermo o herido al ser cubierto por el Vellocino de Oro. Esta es una de las razones para el mito más importante, el de Jasón y los Argonautas, que tenían por objetivo capturar el Vellocino para mostrar su valía y fortaleza, para ello tuvieron que enfrentar a un dragón que nunca dormía y que al perder sus dientes y estos tocar la tierra, daban lugar a guerreros poderosos que atacaban a todo aquel que se pusiera en su camino. Caso curioso es que los Argonautas eran los tripulantes de la embarcación Argo, construida por el personaje del mismo nombre y que era descendiente de Frixo, embarcación que se abría paso por el mar llevando en la proa una cabeza de carnero.

Nada mal abrir el año zodiacal con una constelación asociada a la protección y mantenimiento de la vida, sacrificio, perseverancia y fuerza.

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