En el corazón de Roma, entre la Capilla Paulina y la Capilla Sforza, se encuentra la tumba del Papa Francisco. El material es de mármol de Liguria, solo lleva una palabra: FRANCISCUS. Sin fechas, sin títulos, sin ornamentos. Solo su cruz pectoral, símbolo de su vida pastoral.
Este gesto final no fue improvisado. En su autobiografía Esperanza, publicada en enero, el Pontífice expresó su deseo de reposar en la Basílica de Santa María la Mayor. Para él, esta iglesia dedicada a la Virgen María no era solo un lugar de oración, sino un refugio espiritual.
“El Vaticano no es mi eternidad”, escribió. Y lo cumplió. Eligió descansar entre fieles y devotos, a ras del suelo, junto al icono de la Salus Populi Romani, advocación mariana a la que confió su pontificado y su salud.
Las obras para preparar su nicho comenzaron discretamente. Hoy, los tablones de madera ya marcan el lugar exacto de su sepultura. Visitantes como Valentina, sorprendida, comentan el gesto como una última señal de cercanía del Papa con su ciudad, Roma.
Durante la Misa, algunos fieles escuchaban el eco de los obreros preparando el sepulcro. Entre ellos, Francesco, esposo de Valentina, destacaba la coherencia del Papa. “Quería sencillez, y eso es lo que ha pedido hasta el final”.
Ana, española, llegó con sus hijas para participar en el Jubileo de los adolescentes, pero se encontró con un inesperado momento de duelo. Aun así, no se aparta del sentido de esperanza. “Vivimos esto con emoción. Nos quedamos para rezar por él”.
Cada noche, a las 21.00, se reza el rosario frente a la basílica. El fervor se siente incluso fuera de los muros. La imagen de la Salus Populi Romani ha sido colocada en el exterior para que todos puedan acercarse, orar y despedirse.
Antonieta, de 88 años, edad que compartía con el Papa, camina tres kilómetros cada día para visitar su tumba. “Aquí rezaba él. Ahora vengo yo”, dice emocionada.
Esta basílica ha sido testigo de grandes momentos de fe. San Ignacio de Loyola celebró su primera misa aquí. Gian Lorenzo Bernini, genio del barroco, también descansa en este lugar sagrado. Desde el sábado, compartirán ese espacio con el Papa Francisco.
Prospectiva: La tumba del Papa Francisco es más que un lugar de descanso. Es un testimonio vivo de humildad, devoción mariana y cercanía con el pueblo. Esta elección personal quedará marcada en la historia de la Iglesia como símbolo de servicio y sencillez.
