El presidente Donald Trump anunció este miércoles la imposición de aranceles permanentes del 25% a todos los vehículos no fabricados en Estados Unidos, una medida proteccionista que entrará en vigor gradualmente a partir del 2 de abril. La decisión, firmada en el Salón Oval de la Casa Blanca, marca un nuevo capítulo en la política comercial agresiva del mandatario republicano.
Sin embargo, en un alivio para la industria automotriz regional, los autos producidos en México y Canadá quedarán exentos si cumplen con las reglas del T-MEC. La medida comenzará con una tarifa inicial del 2.5% que aumentará progresivamente hasta alcanzar el 25% completo. Los gravámenes aplicarán principalmente a vehículos de pasajeros como sedanes, SUV y minivans, así como a camionetas ligeras y autopartes estratégicas incluyendo motores, transmisiones y componentes eléctricos.
El secretario de Economía. Marcelo Ebrard, dijo que en las conversaciones se está buscando que los productos mexicanos tengan el mejor precio ante dichos impuestos. «Hemos sostenido seis reuniones con el secretario de Comercio de EU para lograr un objetivo que es, si van a cambiar el sistema, lo que tenemos que buscar es un trato preferente para México de manera que tengamos condiciones de proteger nuestros empleos”.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, dijo que su administración esperará hasta el 2 de abril para responder a Estados Unidos sobre los aranceles impuestos a los automóviles que se exporten al país vecino. Desde Palacio Nacional, dijo que el anuncio del presidente Donald Trump incluye dos cláusulas para los países que forman parte del T-MEC, el cual incluye a México.
Según explicó la Casa Blanca, los importadores podrán certificar el contenido estadounidense de sus vehículos, y el arancel solo se aplicará al porcentaje de piezas no originarias de América del Norte. Esta disposición representa una ventaja competitiva significativa para México, donde el 82% de los autos exportados a EU cumplen con la regla de origen del T-MEC que exige al menos 75% de componentes regionales, según datos de Banco Base. Solo el 18% restante de la producción automotriz mexicana enfrentaría los nuevos gravámenes completos.
Guillermo Rosales, director de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA), destacó que esta salvedad reconoce la profunda integración de la industria automotriz trilateral. Explicó que el arancel solo se cobrará sobre el valor de los componentes no producidos en Estados Unidos, lo que mantiene la competitividad de los fabricantes establecidos en México que cumplen con las reglas del T-MEC.
El anuncio confirma los acuerdos alcanzados durante las recientes conversaciones entre Trump y la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum. Como parte de estos entendimientos, el secretario de Economía Marcelo Ebrard viajó a Washington para afinar los detalles técnicos con su homólogo estadounidense Howard Lutnick, buscando garantizar la aplicación favorable del nuevo esquema arancelario para la industria mexicana.
Sin embargo, la medida ha generado preocupaciones en diversos sectores. Desde Canadá, el primer ministro Mark Carney calificó los aranceles como un «ataque directo» a la integración de la industria automotriz regional. Mientras tanto, empresarios mexicanos alertan sobre posibles ajustes futuros a las reglas de origen que podrían afectar la estabilidad del sector. La Casa Blanca, por su parte, insiste en que los aranceles implementados durante el primer mandato de Trump no generaron inflación duradera.
Prospectiva
Aunque el T-MEC protege temporalmente a México de los efectos más severos de esta medida, la decisión de Trump refleja una estrategia comercial agresiva para relocalizar la producción automotriz en territorio estadounidense. El impacto inmediato podría ser limitado, pero la industria debe prepararse para un mayor escrutinio en el cumplimiento de reglas de origen, presiones para incrementar el contenido estadounidense en sus vehículos, y posibles represalias comerciales de otros bloques económicos afectados. La pregunta clave que queda pendiente es si esta política logrará realmente revivir la manufactura automotriz en EU o simplemente encarecerá los vehículos para los consumidores estadounidenses sin generar los empleos prometidos.
