AMLO como ofrenda? Ovidio, Trump y el último sacrificio humano

Ana Karina Fernández
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En México tenemos un extraño talento para reciclar rituales prehispánicos: donde antes Tláloc exigía corazones palpitantes, hoy Washington pide nombres, expedientes y conferencias de prensa penitenciales. Y en esta versión 2.0 del Templo Mayor, será posible que Ovidio Guzmán tenga entre sus memorias explosivas el nombre del presidente en funciones?

A ver, que nadie se me desmaye: no estoy diciendo que mañana veremos a AMLO extraditado en pantuflas a Nueva York. Pero si algo nos enseña la historia es que en la geopolítica moderna todo se negocia… incluso la cabeza simbólica de un jefe de Estado.

Ovidio, al que muchos ya ven como el nuevo testigo estrella del Departamento de Justicia, está en posición de revelar más que rutas de droga y sobornos de segunda categoría. Si realmente decide cantar como jilguero (porque no nos engañemos: nadie soporta una celda americana sin soltar algo), podría conectar puntos entre cárteles y campañas políticas, entre maletas de dinero y operadores de alto rango. Y si esas rutas financieras rozan el Olimpo de Palacio Nacional… Houston, tenemos un problema.

Donald Trump, que ya amenaza con aranceles del 30% como quien juega al Monopoly, no es un hombre de sutilezas. Le basta un rumor para armar un reality show geopolítico. Y qué mejor “temporada final” que implicar a un presidente mexicano como cómplice indirecto del narco? No porque le interese encarcelarlo (eso sería un escándalo de proporciones tectónicas), sino porque sería el leverage perfecto para forzar concesiones en energía, migración y comercio.

Lo trágico es que México podría aplaudir el sacrificio: “Vean qué ejemplares somos, entregamos hasta a nuestro Tlatoani para salvar el T-MEC y la exportación de aguacates”. Nadie recordaría que detrás de la sangre mediática se esconde una cesión brutal de soberanía.

Ahora bien, seamos claros: no hay pruebas sólidas en expedientes estadounidenses contra AMLO. Pero si algo enseñan los casos de García Luna y Cienfuegos es que basta un testimonio “colaborador” para incendiar la narrativa. Y Ovidio, con su linaje y acceso a secretos oscuros, tiene en sus manos el fósforo.

Así que cuidado, porque quizá la historia se repita: ayer sacrificábamos guerreros para traer la lluvia; hoy podríamos ofrecer un presidente para calmar la tormenta arancelaria de Trump. El nuevo Tláloc no lleva penacho, sino gorra roja de MAGA.

Bienvenidos a la diplomacia de los sacrificios humanos. Ahora con subtítulos en inglés y fecha de estreno para noviembre.

Ya verá usted y veré yo … que realmente suena irreal que se sacrifiquen por AMLO… y es realmente complejo que entreguen a un presidente, hombre !!!sería ideal y sería histriònico (más que histórico), pero eso sí estará por verse! 
 
Just saying…

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