Chile, México y Brasil postulan a Bachelet para la ONU

Los tres países formalizaron la candidatura de la expresidenta chilena para suceder a António Guterres como secretaria general en 2026.

Redacción
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Los gobiernos de Chile, México y Brasil oficializaron este lunes de manera conjunta la candidatura de la expresidenta chilena Michelle Bachelet Jeria para asumir el cargo de secretaria general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 2026, cuando concluya el mandato del portugués António Guterres. El anuncio fue realizado por el presidente Gabriel Boric en el Palacio de La Moneda en Santiago, acompañado por los embajadores de Brasil, Paulo Pacheco, y de México, Laura Moreno, en un acto que busca proyectar una candidatura con respaldo regional y destacar el compromiso de América Latina con el multilateralismo en un contexto geopolítico complejo.

Durante su discurso, el presidente Boric destacó la naturaleza colectiva de la postulación. «En esta nominación, como pueden ver, no estamos solos. La candidatura de la expresidenta Michelle Bachelet, será presentada conjuntamente con los países hermanos de Brasil y México, los países más poblados de América Latina», afirmó. Agradeció explícitamente el apoyo del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, con quienes mantuvo conversaciones en los meses previos. «Nuestras naciones a través de este acto manifiestan su voluntad común de contribuir a la gobernanza global y al fortalecimiento del multilateralismo», agregó Boric.

Michelle Bachelet, presente en la ceremonia, aceptó la nominación y subrayó su significado regional. «Agradezco el respaldo a esta candidatura de Estado y asumo la tremenda responsabilidad que significa. Además me parece muy importante destacar lo que significa que esta candidatura sea inscrita por tres países, porque refleja un compromiso compartido», declaró la expresidenta. Resaltó que la postulación es una señal de la importancia que América Latina concede a la ONU y a la modernización de la organización «como el espacio de encuentro, diálogo y búsqueda de soluciones comunes más importantes del mundo», especialmente en un «contexto geopolítico desafiante».

El perfil de Bachelet es considerado de alto peso para el cargo. Además de haber sido presidenta de Chile en dos periodos no consecutivos (2006-2010 y 2014-2018), ocupó el prestigioso puesto de Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre 2018 y 2022, experiencia que le dio una visión profunda de la estructura y los desafíos internos de la organización. Durante su gestión en Derechos Humanos, Bachelet enfrentó crisis internacionales como la persecución a los uigures en China, el conflicto en Yemen y la guerra en Ucrania, manteniendo un perfil que combinaba la diplomacia con la defensa de principios. Su trayectoria política en Chile, donde también fue ministra de Salud y de Defensa, le otorga un conocimiento amplio tanto de políticas sociales como de seguridad.

La Secretaría de Relaciones Exteriores de México emitió un comunicado oficial confirmando su respaldo y destacando las cualidades de la candidata. La dependencia resaltó su «experiencia en la conducción de procesos políticos complejos, capacidad de diálogo y apego a los principios de la ONU, considerados un valor clave para avanzar hacia una organización más eficaz, representativa y centrada en las personas». El texto, suscrito por los tres países, reafirmó el compromiso con el multilateralismo como «pilar fundamental para una gobernanza global basada en la cooperación internacional y el respeto a la autodeterminación de los pueblos».

El proceso de sucesión en la ONU se desarrollará a lo largo de 2026. Tradicionalmente, el cargo de secretario general ha rotado entre regiones, y existe un consenso no escrito sobre la conveniencia de que el próximo líder provenga de América Latina o el Caribe, dado que el último en hacerlo fue el peruano Javier Pérez de Cuéllar, cuyo mandato concluyó en 1991. La candidatura de Bachelet se enfrentará probablemente a postulantes de otras regiones, en un proceso que involucra consultas secretas en el Consejo de Seguridad y una posterior votación en la Asamblea General. El respaldo explícito de tres de las principales economías y actores políticos de Latinoamericana le otorga una base sólida, pero requerirá también del apoyo de otras regiones, incluyendo a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad con derecho a veto.

La postulación conjunta de Chile, México y Brasil también tiene un significado geopolítico al interior de América Latina. Demuestra una capacidad de coordinación entre gobiernos de distintas orientaciones ideológicas —el izquierdista Boric, la morenista Sheinbaum y el lulista Lula— en torno a un objetivo diplomático común de proyección global. Este frente unido busca posicionar a la región como un bloque con voz propia en la arquitectura internacional, en un momento donde organismos multilaterales como la ONU enfrentan críticas por su lentitud y burocracia, y presiones de potencias que prefieren acuerdos bilaterales o de bloques más pequeños.

Los desafíos que enfrentaría Bachelet, de ser electa, serían monumentales. Incluyen la revitalización de un sistema multilateral bajo tensión, la gestión de conflictos regionales cada vez más complejos, la supervisión de la agenda climática y de desarrollo sostenible en un contexto de recursos limitados, y la necesidad de reformas administrativas dentro de la propia ONU para ganar eficiencia y transparencia. Su experiencia como Alta Comisionada le daría una ventaja en la comprensión de estos retos, pero también la asociaría con las limitaciones que la propia organización ha mostrado en los últimos años.

La oficialización de la candidatura inicia una campaña diplomática que se extenderá por los próximos dos años. Bachelet, apoyada por los equipos diplomáticos de Chile, México y Brasil, comenzará una ronda de contactos y presentaciones ante los Estados miembros para exponer su visión y recabar apoyos. El éxito de esta empresa no solo definiría el futuro liderazgo de la ONU, sino que marcaría un hito para la presencia de América Latina en la cúspide de la gobernanza global en el siglo XXI.

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