Después de contener mi ganas de llorar, porque aun no supero mi programación de macho que no llora en una película frente a propios y extraños (ya en la siguiente sesión de terapia exploraré por qué me reprimo) Wild Robot nos ofrece un espejo, pero no uno cualquiera, sino uno que refleja las imperfecciones más crudas de nuestra naturaleza.
Nos obliga a preguntarnos cómo es posible que un robot, con cables en lugar de nervios y algoritmos en lugar de emociones, logre transmitir más empatía que cualquier ser humano. Y es que, en esta historia, la paradoja es evidente: humanizamos más fácilmente a un robot que a las personas de carne y hueso. ¿Por qué? Porque el robot, a diferencia de nosotros, no juzga, no tiene prejuicios ni expectativas. Solo está ahí, desnudo de la complejidad emocional que nos hace enredarnos en nuestras propias telarañas mentales. ¿Te imaginas a un amigo preguntándote cómo te sientes y que respondas sin filtros? En esta historia, una mamá zarigüeya lo hace con total honestidad: “Obligada y abrumada”. ¿Cuántas veces quisiste decir algo así y te mordiste la lengua por miedo a ser malinterpretada?
Es curioso cómo la franqueza sale más fácil ante una máquina. Claro, el robot no va a criticarte ni a cancelarte en redes. Con la cultura de la cancelación vigente, opinar diferente o simplemente expresar agotamiento sobre temas como la maternidad y la paternidad se vuelve un campo minado. Entonces, ¿qué hacemos? Reprimimos, sonreímos y seguimos la corriente. Y aquí es donde Wild Robot se convierte en una especie de catalizador. El robot, en su frialdad lógica, permite que la verdad salga sin aderezos ni eufemismos. El resultado: un espacio de sinceridad que pocas veces nos damos el lujo de experimentar entre humanos.
Pero Wild Robot no se queda ahí. La película también toca el tema de la amabilidad como un acto sin expectativas. ¿Ser amables solo porque sí? ¡Ja! Para nosotros, los humanos, ser amables muchas veces es como una transacción bancaria: doy para recibir. En cambio, el robot simplemente es amable. No espera que lo etiqueten como “el robot más buena onda del año”. Su amabilidad no viene con letra chica. Entonces, surge la pregunta: ¿puede un robot ser más humano en su amabilidad que los propios humanos? Sí, suena contradictorio, pero la respuesta se vuelve más incómoda cuanto más lo piensas.
Sin embargo, la película no se limita a tocarnos la fibra emocional. También nos da un buen jalón de orejas con respecto a la manipulación y el poder. Nos encanta la narrativa de los libros de autoayuda y estrategias, como Las 48 Leyes del Poder, donde se nos enseña que la vida es un gran tablero de ajedrez y cada interacción un movimiento calculado. Manipulamos, seducimos, y lo llamamos “habilidad social”. Pero Wild Robot nos planta en la cara nuestra hipocresía. Mientras nosotros nos revolcamos en intrigas y juegos de poder, el robot se muestra como el ser más transparente de todos. No manipula, no maquilla la verdad, no busca controlar. Su franqueza, su falta de emociones, le dan una autenticidad que nosotros, con nuestras “habilidades sociales”, hemos perdido.
Y ahí es donde nos duele. ¿Quién es el verdadero salvaje aquí? El robot, con su brutal honestidad y amabilidad sin pretensiones, o nosotros, enredados en nuestras propias trampas de manipulación y superficialidad emocional. La pregunta de si tenemos remedio queda flotando en el aire. Por un lado, nuestra capacidad para conectar sigue siendo una esperanza, pero el contraste con la pureza del robot nos hace ver lo lejos que estamos de ser auténticos.
Wild Robot no es solo un relato de supervivencia en la naturaleza, sino una metáfora de nuestra lucha interna como especie. Nos invita a preguntarnos si alguna vez podremos ser honestos, amables y verdaderamente humanos, o si continuaremos siendo estos seres contradictorios, atrapados en nuestras propias trampas de poder y expectativa social. Al final, tal vez sea un robot el que nos enseñe lo que significa ser verdaderamente “humano” (procedo a secar lagrimita)
Oliver Cardoso | Recursos Humanos | Desarrollo Organizacional | Desarrollo Humano
Presidente de la Sociedad «A veces hasta la madre de ser papá, pero dispuesto a aprender y compartirlo sin causar heridas emocionales en quienes no lo merecen» AC
