El domingo, Israel intensificó sus ataques aéreos en el sur de Beirut, dirigidos contra objetivos del movimiento Hezbolá, un grupo respaldado por Irán. Este bombardeo se produjo en un contexto tenso, justo un día antes del primer aniversario del ataque de Hamas en Israel, que desencadenó un conflicto devastador en Gaza. La estrategia israelí, que se había centrado en debilitar a Hamas en Gaza, ahora se dirige hacia el norte, donde Hezbolá se ha preparado para abrir un nuevo frente de confrontación.
A pesar de estos ataques en Líbano, el ejército israelí también ha «roto» la zona de Jabaliya en el norte de Gaza, donde las fuerzas de Hamas parecen estar reagrupándose. Las autoridades de Gaza reportaron al menos 17 muertes, incluidas nueve de niños, como resultado de los bombardeos. Además, en Deir al Balah, otro ataque israelí a una mezquita, que había sido transformada en refugio para desplazados, dejó 26 muertos, según el gobierno de Hamas.
Israel justificó estos ataques afirmando que se trataban de operaciones de «precisión» contra un centro de mando de Hamas. La situación se intensificó aún más cuando el ejército israelí detectó misiles lanzados desde Gaza hacia su territorio, aunque la mayoría fueron interceptados o cayeron en campos vacíos. Las Brigadas Al Quds, el ala armada de la Yihad Islámica, se atribuyeron la responsabilidad por los ataques con misiles.
El ministro israelí de Defensa, Yoav Gallant, emitió una advertencia a Irán, su principal adversario y aliado de Hamas y Hezbolá, sugiriendo que el país podría enfrentar ofensivas similares a las de Gaza y Líbano si continuaba con su agresión. Irán, por su parte, afirmó que ya tenía lista una respuesta en caso de ser atacado por Israel.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, visitó a sus tropas en la frontera norte mientras los bombardeos continuaban. Según reportes, la agencia libanesa ANI indicó que más de 30 bombardeos se llevaron a cabo durante la noche en el sur de Beirut, un bastión de Hezbolá, así como en otras áreas del este del país.
En respuesta a esta escalada de violencia, el primer ministro libanés, Najib Mikati, hizo un llamado a la comunidad internacional para que presionara a Israel en favor de un alto el fuego. Este reclamo fue respaldado por el papa Francisco, quien también abogó por la paz en la región. La situación sigue siendo tensa, con la posibilidad de que el conflicto se extienda aún más si no se toman medidas para calmar las hostilidades.
