Una Fiscalía a la medida: el milagro de la Navidad en la CDMX

Filiberto Cruz Monroy
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Al parecer, este año, el regalo navideño para la Ciudad de México no serán mejores servicios o un transporte más eficiente, sino una flamante Fiscal General, Bertha Alcalde Luján. Designada en tiempo récord por la Comisión de Administración y Procuración de Justicia del Congreso capitalino, su nombramiento parece más una tradición familiar que un ejercicio de transparencia. No todos los días se puede presumir que se llega al puesto de fiscal mientras se disfruta de un árbol genealógico tan… robusto políticamente hablando.

Bertha no es cualquier abogada. Es hermana de Luisa María Alcalde, presidenta nacional de Morena, e hija de dos incondicionales del expresidente López Obrador: Bertha Luján y Arturo Alcalde. ¿Un detalle insignificante? Claro que no. En un país donde se critica que los jueces tengan parentescos en el Poder Judicial, parece que en la Fiscalía no importa si la familia está bien conectada con el poder político. ¿Nepotismo? No, no, eso aquí se llama “coincidencias de la vida”.

La Comisión de Administración y Procuración de Justicia del Congreso capitalino apenas dedicó 25 minutos a seleccionar una terna que, según se dice, cumple con todos los requisitos. Sin embargo, la inclusión de Bertha Alcalde generó controversia desde el principio. La consejera Bárbara Yllan denunció que Alcalde presentó información falsa al ostentarse como maestra, a pesar de que su grado académico no está homologado en México. Pero no importa, porque al final del día, contar con licenciatura es suficiente, y cualquier desliz ético queda como una anécdota menor.

Y qué decir de la jefa de Gobierno, Clara Brugada, quien decidió no “ensuciarse las manos” y regresó la decisión al Congreso. Total, con Morena y sus aliados controlando el Legislativo, el desenlace estaba más cantado que un villancico.

Los defensores de Alcalde argumentan que cumple con todos los requisitos legales, mientras que los críticos no pueden evitar notar la ironía: el partido que clama limpiar las instituciones parece tener debilidad por colocar a sus allegados en los puestos clave. ¿Acaso no era Morena quien criticaba las «familias de privilegio» que supuestamente dominaban la política mexicana? Parece que, mientras el apellido coincida con la ideología, todo queda en casa.

Más allá de los méritos legales o administrativos de Bertha Alcalde, su designación pone en evidencia un problema mayor: la percepción de que los puestos públicos se asignan más por lealtades familiares que por capacidades reales. En un país que lucha por fortalecer sus instituciones, este tipo de decisiones no ayuda.

Pero bueno, feliz Navidad para los capitalinos. A partir del 10 de enero de 2025, la nueva Fiscal General trabajará incansablemente para la justicia… y para demostrar que a veces, el árbol genealógico también es un escalón al éxito.

@filibertocruz y filibertocruz@gmail.com

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