¿Un mundo libre? (estudios sobre occidente)

José Alberto Machuca-Islas
44 vistas

«Todos los hombres son creados iguales y tienen derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad». (Thomas Jefferson).

¿Qué define la idea de que vivimos en un mundo libre? Quizá debiéramos hacer un pequeño ejercicio y tratar de averiguar de dónde y cómo surge este concepto. ¿Quiénes se inspiraron en este marco de referencia? Un poco de historia, Estados Unidos de Norteamérica, El Capitolio, ubicado en Washington D.C., la sagrada capital del mundo libre: su arquitectura, sus estatuas, bustos y zodiacos embellecen y dan luz a los valores norteamericanos. Sí, pero ¿cómo surgió una gran nación con estos principios?, ¿de dónde emergieron? Si nos atenemos a que otros próceres del nuevo paradigma fueron integrantes de la masonería universal, como B. Franklin y el propio G. Washington, podríamos decir que fueron valores de la antigua cofradía masónica inglesa y escocesa los que originaron bajo esta inspiración teológica los valores de la nueva nación. Aquí hay que hacer una pausa y reflexionar: ¿proviene la idea de un mundo libre directamente de su idiosincrasia anglosajona o fue adoptada por fe de otras culturas, o estas enseñanzas provienen de las antiguas leyes y profecías hebreas…?

Ya todo está dado: [Dios salva el metal, salva la escoria y cifra en Su profética memoria las lunas que serán y las que han sido..] (J. L. Borges, Everness)

Las profecías indican que Gran Bretaña y los Estados Unidos de Norteamérica fueron destinadas a ser las dos poderosas naciones que regirían los destinos de la humanidad en los últimos 250 años y que llevarían su programa de libertad a todas las demás naciones. El mundo libre como forma de organización social es contraria a otros tipos de organización donde la libertad es suprimida por un órgano central que ejercita el poder y lo concentra, en detrimento de la libertad humana para su explotación. Nada nuevo, podemos hablar aquí del régimen Nacionalsocialista liderado por A. Hitler o del Fascismo de B. Musolini, -en el marco de la Segunda Guerra Mundial-, o de otras formas de modernas tiranías absolutistas a lo largo y ancho del mundo. Es muy importante saber dónde está uno de pie, que es lo que podemos considerar “nuestro” y cómo vamos a perfeccionar una forma de vida que descanse en los valores divinos de libertad humana.

Tanto Gran Bretaña como los EE.UU. descansan su Monarquía parlamentaria y Constitución respectivamente, en valores del cristianismo protestante que a su vez dimanan del Antiguo Testamento (remitirse a la Reforma Anglicana en Inglaterra, 1534). Valores fundamentales como libertad humana, la jurisprudencia y las leyes que rigen una sociedad, derechos humanos, libertad de culto, derecho a la tierra provienen sin excepción de dichas fuentes bíblicas, las profecías igual provienen de ese conjunto de libros divinos. Ese mundo libre, con sus valores fundamentales e incluso con sus contradicciones son lo que conforman lo que somos hoy por hoy como sociedad. El derecho romano debe ser incluido como un pilar fundamental dentro del contexto histórico que nos toca vivir. Ser libre en una sociedad libre es una aspiración abierta de personas que aman la convivencia viva y sana, con derechos humanos inalienables y fundamentales del ser. Mi única pregunta sería, si estos valores deban ser exportados a otras latitudes…

De facto sí lo son… Inglaterra y su monarquía llevaron el programa de democracia en un ejercicio de nobles intenciones. Sin embargo, como es natural, hubo y hay reticencia de otras culturas a adoptar este modelo de vida. En estos tiempos de globalización, hay una franca oposición y guerra abierta a los valores democráticos de Occidente. Y se reduce esta guerra a vencer o morir. Ese es el dilema de Occidente. No hay coexistencia pacífica ni límites de dominio. No hay acuerdos ni treguas, ni nada que se parezca a una conciliación. La guerra árabe-israelí es un fractal de lo que está sucediendo a una escala global.

Cada día “se estrecha la brecha” -proceso de polarización-, entre el mundo libre democrático y sus valores, y las dictaduras y su falta de libertad. Gane quien gane esta guerra multifactorial; en especial, cultural y religiosa, marcará por primera vez un precedente de cómo el mundo globalizado, contiene el germen del temido Orden Mundial. Oswald Spengler anticipa una nueva configuración para finales del siglo XX y Yuval Harari, en su análisis (hacia una nueva era del imperialismo), prevé el nacimiento de otra etapa de la humanidad: que el mundo libre se configure como nunca lo ha sido hacia un mundo tiránico: habrá una sola cultura que domine el panorama mundial: el etnocentrismo será la moneda de trueque a cambio de perder la libertad, con un mando central y despótico. Todo vale mientras obedezcas, tu esclavitud será llamada libertad y no lo sabrás o no te importará. A menos que Occidente se reconfigure y extienda sus posturas ideológicas, religiosas, culturales y sociales.

El dilema está sobre la mesa como dos cartas de tarot: en una, la carta de Fuerza –en posición invertida- símbolo de debilidad, abuso de poder, despotismo, discordia. En la otra está la carta de Justica, símbolo de honestidad, equidad y rectitud. No hay opción, hay que elegir una de ellas… Occidente, se ha esforzado siempre por combatir a poderes despóticos, como el comunismo, socialismo, nazismo, fascismo, absolutismo, totalitarismo, falsas democracias, teocracias fundamentalistas, y otros regímenes donde se mezclan y funden nuevas estrategias de control… Literalmente Norteamérica se entroniza en el Gran Satán, -según la visión del Islam radical- y junto a la Europa cristiana e Israel (El Pequeño Satán) contienen y limitan los avances antidemocráticos del mundo entero. Aquí vale la pena citar un párrafo íntegro del pensamiento de Cicerón, uno de los grandes hombres que el pensamiento occidental ha dado. Orador, estadista, pensador, filósofo, poeta…

“El poder y la ley no son sinónimos. La verdad es que con frecuencia se encuentran en irreductible oposición. Hay la Ley de Dios, del cual proceden todas las leyes equitativas de los hombres y a la cual deben éstos ajustarse si no quieren morir en la opresión, el caos y la desesperación. Divorciado de la Ley eterna e inmutable de Dios, establecida mucho antes de la fundición de los soles, el poder del hombre es perverso, no importa con que nobles palabras sea empleado o los motivos cuando se imponga.

Los hombres de buena voluntad, atentos por tanto a la Ley dictada por Dios, se opondrán a los gobiernos regidos por los hombres y si desean sobrevivir como nación, destruirán al gobierno que intente administrar justicia según el capricho o el poder de jueces venales”.

La pregunta final dirigida todo ciudadano occidental es si ejercita su libertad, si reconoce su libertad o hace falta perderla para valorar su importancia.

José Alberto Machuca-Islas

Literatura y Análisis

También te puede interesar