¿Un día sin mexicanos?

La comunidad mexicana en EE.UU. enfrenta un nuevo desafío ante la segunda administración de Donald Trump y su discurso antimigrante.

Jorge Iván Domínguez
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Estoy seguro que muchos de ustedes recuerdan aquella película llevada a las carteleras en 2004 por el director Sergio Arau, que planteaba una sátira social donde se imaginaba el caos que se desataría en estados como California cuando, de un día para otro, todos los mexicanos desaparecieran misteriosamente.

A través de un tono humorístico y con tintes de realismo mágico, la película pone en evidencia la dependencia de la sociedad estadounidense hacia la comunidad latina, especialmente en sectores clave como la agricultura, el servicio doméstico y la economía en general. A medida que los personajes intentan entender la causa de la desaparición, el filme ofrece una crítica mordaz a la invisibilización y el menosprecio de los inmigrantes, obligando a los protagonistas -y al espectador- a replantear su visión sobre el papel fundamental de los latinos en la vida cotidiana de Estados Unidos.

Traigo a colación lo anterior, porque derivado de las primeras acciones de la segunda administración Trump y el endurecimiento del discurso xenófobo y racista del ahora primer mandatario norteamericano, muchos en México pero sobre todo los paisanos radicados en ese país, se encuentran manteniendo una resistencia social y económica para contrarrestar las deportaciones masivas y las amenazas arancelarias hechas hacia México, las cuales se suman a las esgrimidas en contra también de Canadá y China.

La dependencia mutua de Estados Unidos y México es innegable, es un hecho que las acciones que pueda emprender Trump, traerán perjuicios para los dos países, pero Donald Trump juega en este momento a realizar golpes de autoridad más que acciones contundentes, para mandar mensajes claros a sus electores y a la comunidad internacional, y también para lograr en la mesa de negociación, una posición de ventaja y acrecentar su rango de éxito. En su libro The Art of the Deal, Donald Trump dice:
«La presión funciona, si el otro siente que puede perderlo todo, estará mucho más dispuesto a aceptar tus términos».

Enfrentar un enemigo como Donald Trump no será fácil, pero la historia y la propia mitología nos da cuenta de cómo han sido vencidos este tipo de adversarios de corte tiránico y supremacista. Los ejemplos pueden ir desde la batalla mitológica de Zeus contra Cronos, David contra Goliat y Huitzilopochtli contra Coyolxauhqui, hasta batallas históricas como la de Maratón entre griegos y persas, la batalla de Puebla entre mexicanos y franceses, y la propia guerra en Vietnam contra Estados Unidos, donde estos últimos tuvieron que abandonar la contienda por falta de victorias contundentes y por la misma presión interna, la cual es una de las más vergonzosas derrotas de la potencia militar que simboliza los Estados Unidos de América.

En cada uno de los ejemplos anteriores, la fuerza menor aprovechó sus fortalezas -estrategia, terreno, movilidad, moral, logística, creatividad, engaño– contra los puntos débiles del poderoso, dejándonos el mensaje de que ninguna persona o grupo es completamente débil o fuerte, todos tenemos un punto débil, un talón de Aquiles que al principio puede parecer una ventaja, pero que a lo largo de la batalla se revela como la mayor de las debilidades.

Donald Trump tiene varios de esos talones, que ha develado a lo largo de su vida económica y política, donde su impulsividad actúa como su principal desventaja, su discurso radical también debilita la propia unidad nacional, algo que puede ser aprovechado en su contra. Su tono agresivo de negociación también puede hacerlo quedar mal parado y perder credibilidad en el concierto internacional. Tiene una historia empresarial llena de quiebras y litigios, de los cuales logra salir a fuerza de subterfugios políticos y del manejo de la percepción -show-, lo que lo convierte en un líder populista incapaz de construir consenso y una visión estratégica de largo plazo.

Los mexicanos radicados en los Estados Unidos son una fuerza social, política y económica considerable, y al contrario de lo que muchos analistas manifiestan, la mayoría de ellos, ya sean de primera, segunda o tercera generación, siguen teniendo un vínculo común con su país de origen, heredado por sus padres y abuelos que fueron a ese país a encontrar oportunidades. Eso es lo que ha quedado claro en los últimos días con las manifestaciones en Los Ángeles, Dallas, Houston, Chicago y Nueva York. Los mexicanos están ya ocupando el territorio al pie del cañón y al grito de guerra, porque ellos saben, como lo sabemos todos los mexicanos, que un árbol sin raíces profundas no llega a crecer lo suficiente.

Es de reconocer el papel de Claudia Sheinbaum como presidenta de México, al no dejarse amedrentar por el bully que representa Donald Trump. Parece saber que a un abusador se le encara y se le llama por su nombre, y a pesar de las discrepancias que pueda haber con su herencia política o sus maneras de ejercer el poder, me parece que en este ámbito ha estado a la altura de lo que los mexicanos esperamos de un gobernante cuando de enfrentar a un tirano se trata.

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Twitter & Instagram: @jorgeivand

El autor es maestro en políticas públicas por la Universidad Panamericana, Director General de GobernArte S.C. ha ocupado cargos directivos en el sector público, la iniciativa privada y en medios de comunicación.

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