El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró el jueves 18 de septiembre en Londres que su país busca recuperar el control de la base aérea de Bagram en Afganistán, durante una conferencia de prensa conjunta con el primer ministro británico Keir Starmer. La base, considerada estratégica por su ubicación cercana a China, fue abandonada tras la retirada militar estadounidense en 2021, lo que facilitó el ascenso al poder del movimiento talibán.
Bagram: un enclave estratégico
La base aérea de Bagram fue construida en la época soviética y se convirtió, después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, en el principal centro de operaciones de las fuerzas estadounidenses en Afganistán. Durante dos décadas, fue símbolo de la presencia militar de Washington en la región. Su abandono en 2021 representó un punto de quiebre: los talibanes tomaron rápidamente el control y consolidaron su poder en Kabul.
Trump aseguró que el interés de Estados Unidos por Bagram se debe a su posición geográfica:
“Estamos tratando de recuperarla. Queremos recuperar esa base por su ubicación estratégica cerca de China”, afirmó.
Respuesta de Afganistán: “No habrá regreso militar”
El Gobierno talibán respondió de inmediato a las declaraciones del mandatario estadounidense. Zakir Jalal, representante del Ministerio de Asuntos Exteriores afgano, publicó en la red social X que Kabul no contempla ningún acuerdo que permita el regreso de tropas extranjeras a su territorio.
“Afganistán y Estados Unidos necesitan comprometerse el uno con el otro sin que Estados Unidos mantenga ninguna presencia militar en ninguna parte de Afganistán”, escribió Jalal.
El funcionario agregó que las relaciones entre ambas naciones podrían desarrollarse en los ámbitos político y económico, siempre bajo el respeto mutuo y los intereses compartidos.
Conversaciones bilaterales
A pesar de las tensiones, responsables de ambos países han sostenido contactos recientes. El sábado, funcionarios estadounidenses se reunieron con autoridades afganas para abordar la situación de ciudadanos norteamericanos detenidos en Afganistán.
Entre los representantes estuvo Adam Boehler, enviado especial de Washington para los rehenes, junto con Zalmay Khalilzad, exenviado para Afganistán. Ambos dialogaron con el ministro de Exteriores talibán, Amir Khan Muttaqi, en un intento de acercamiento humanitario, aunque sin reconocimiento oficial al gobierno talibán por parte de Estados Unidos.
Washington y el desafío del reconocimiento
Estados Unidos no reconoce al actual gobierno talibán que tomó el poder en 2021. Sin embargo, la administración Trump mantiene contactos discretos en temas puntuales como la seguridad, la lucha contra el terrorismo y la situación de ciudadanos detenidos.
La intención de recuperar Bagram reabre un debate sensible: ¿es viable que Estados Unidos regrese a un escenario militar en Afganistán tras dos décadas de presencia fallida? Para Kabul, cualquier intento de retorno implica una violación a su soberanía.
Geopolítica y tensiones globales
El interés de Trump por Bagram no solo responde a la política afgana. La referencia explícita a China subraya la importancia estratégica de la base en el tablero geopolítico. Afganistán comparte frontera con la región de Xinjiang, y su control podría ofrecer a Estados Unidos una posición ventajosa en medio de tensiones crecientes con Pekín.
Expertos señalan que el planteamiento de Trump refleja una visión de seguridad ampliada, donde Afganistán vuelve a ser pieza clave de la competencia global. Sin embargo, la resistencia de Kabul y la falta de consenso internacional hacen que este escenario sea altamente complejo.
La declaración de Trump sobre la recuperación de la base de Bagram revive los fantasmas de la intervención militar estadounidense en Afganistán. Mientras Washington insiste en la importancia estratégica del enclave, el gobierno talibán cierra la puerta a cualquier presencia extranjera. El futuro de esta disputa dependerá de la capacidad de ambos países para equilibrar intereses políticos, económicos y de seguridad en un terreno marcado por dos décadas de guerra y desconfianza.
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